IX Carrera popular villa de Torrijos

Novena edición de la carrera y octava vez que participo. Me sigue pareciendo una excelente carrera aunque tengo que reconocer que algo ha perdido, ya no le daría un diez como otras veces, aunque no baja del nueve todavía. De hecho, aunque la carrera se celebra a 75 km de mi casa, merece la pena desplazarse hasta esta localidad toledana.

La salida de la carrera es a las once de la mañana, algo tarde para mi gusto, pero tiene la ventaja que si vienes de lejos no tienes que darte un gran madrugón. Por el contrario, si es un día caluroso -como ha sido hoy- a las once el sol ya calienta de lo lindo.

A las diez horas y diez minutos estábamos aparcando y cinco minutos después retirando el dorsal, cosa que hicimos en un periquete ya que había varias colas y estaba la cosa bien organizada. Después fuimos al servicio y me sorprendió encontrar menos urinarios que otras veces, aunque suficientes desde mi punto de vista. Luego dejamos la ropa en el guardarropa, también sin ningún problema y faltando un cuarto de hora nos pusimos a calentar.

No tenía muy claro cual era mi estado de forma. La última carrera fue el Trofeo de San Lorenzo a mediados de junio y desde entonces había entrenado poco y mal debido a una lesión y al terrible calor sufrido este verano en Madrid. Así que la idea era hacer esta carrera para obtener los ritmos de entrenamiento a los que debo entrenar. De todos modos, aún sin saber cómo me encontraba, me marqué el objetivo de tratar de bajar de cuarenta y dos minutos, cosa que me parecía muy ambiciosa, pero factible. Había calculado que yendo a 4:10 bajaba de ese tiempo y me parecía razonable poder aguantar durante los diez kilómetros.

La salida se da frente al antiguo ayuntamiento, en la plaza de España y la zona es muy estrecha, con algunas curvas de noventa grados nada más salir. Esa estrechez, unida a un pelotón de muchos corredores es una de las pegas de esta carrera. De hecho prácticamente durante todo el primer kilómetro se tiene sensación de agobio.

Sabiendo este asunto y de que se celebraban al mismo tiempo la carrera de 5 km y la de 10 km -lo que suponía algo más de 400 atletas participantes- traté de ponerme lo más cerca de la línea de salida, aunque no pude llegar a donde me hubiese gustado.

Dieron la salida y, efectivamente, el primer kilómetro fue un poco agobiante. Observé que me adelantó una chica que conocía de la carrera de la Cabrera y estuve tentado en seguir su ritmo, pero me pareció muy vivo y no era cuestión de darse un calentón. Llegamos al primer kilómetro, observé el cronómetro y vi que marcaba 4:11, ¡había clavado el ritmo! Y me sentía francamente bien.

Los siguientes dos kilómetros son ligeramente favorables y los hice a 4:06 y 4:09, lo cual me animó sobremanera porque veía posible el objetivo; sin embargo, los siguientes dos son ligeramente desfavorables y ahí el tiempo se me fue un poco, ya que los hice en 4:20 y 4:19, haciendo la primera vuelta en 21:05 lo que me hizo pensar que bajar de los 42 minutos iba a ser imposible, porque siempre flojeo un poco en la segunda vuelta.

Así fue, el siguiente kilómetro se fue a 4:25 y fue cuando me di cuenta que «la chica de la Cabrera», acompañada de un chico, iba por delante no muy lejos de mí. Viendo que el objetivo inicial era inalcanzable, me centré en seguir el ritmo de esta pareja, a los que veía francamente bien. A la altura del cuartel de la Guardia Civil, sobre el kilómetro siete y medio, conseguí darlos caza. Animé a la chica y seguí a mi ritmo que era ligeramente más rápido que el suyo, o al menos eso pensaba yo. Luego me centré en alcanzar a un tipo vestido de color rojo, con tan poco pelo como yo.

Poco a poco iba comiendo terreno «al de rojo», pero oía la respiración de la chica muy cerca de mí al igual que los gritos de ánimo, por lo que nuestro ritmo debía ser muy similar. El noveno kilómetro, que es el más desfavorable, se me fue por encima de los cuatro minutos y medio y ya sólo quedaba apretar un poco en el último kilómetro para tratar de adelantar al rival que me había inventado… Y que no me adelantase la pareja, que los notaba justo detrás de mí.

A la altura de la Colegiata pude adelantar al de rojo y en la curva de casi ciento ochenta grados me puse ya a tope porque quedaba poquísimo. Llegando a la recta final pude ver que el reloj andaba por los cuarenta y dos minutos y cuarenta y tantos segundos por lo que ya eché toda la carne en el asador para, por lo menos, bajar de cuarenta y tres minutos. Y conseguí hacerlo ya que llegué a meta con un tiempo oficial de 42:51. No había cumplido el objetivo inicial, pero al menos esta carrera me sirvió para ver mi estado de forma actual.

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Llegando a la meta de Torrijos 2016

Haciendo uso de las tablas de Daniels obtengo un valor de VDOT de 47,9 para esa marca y esa distancia, lo que implica un ritmo de intervalos de 4:02, un ritmo umbral de 4:24, un ritmo de maratón de 4:40 y un ritmo de carrera fácil entre 5:17 y 5:37. Así que objetivo no habré cumplido, pero ya tengo los ritmos a los que debo entrenar.

XXXIV Trofeo San Lorenzo

Un par de semanas antes de lo habitual se ha celebrado una edición más del Trofeo San Lorenzo. Y ya van treinta y cuatro, lo que hace que esta carrera sea una de las tradicionales del calendario popular de Madrid. Lo normal es que se celebre el último fin de semana de julio, pero este año por algún motivo que desconozco se ha adelantado dos semanas.

Habíamos quedado a las 7:40 en el punto de encuentro. Nos acercó amablemente Emilio a la zona de salida. Aparcamos con facilidad y fuimos a una cafetería situada junto a la estación de autobuses y estuvimos saludando a la gente de Gran Grupo Garabitas, que habían quedado allí. Nosotros aprovechamos para soltar lastre. Quedaba aún mucho tiempo, así que desde allí nos fuimos tranquilamente a dejar la bolsa en el guardarropa.

Estuvimos calentando, estirando y cuando faltaban diez minutos fuimos cogiendo sitio en la zona de salida, en Ronda de Atocha. Estábamos hablando tranquilamente cuando dieron la salida, yo pensaba que aún quedaba algo más de tiempo para comenzar. Apreté el botón de comienzo del cronómetro y me puse en marcha junto a Joaquín, aunque me decía que no se veía bien, que no sabía cómo le responderían las piernas. Yo tampoco sabía cómo responderían mis piernas, porque ayer salí con la bici y las notaba cansadas.

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Jóvenes y viejas generaciones de corredores y corredoras, foto cortesía de Macu

Salimos sin ir a tope, al menos yo, y en el primer kilómetro vi que marcaba 4:11. Me pareció que la cosa iba bien, aunque las piernas no marchaban con la alegría que me hubiese gustado. El segundo kilómetro consiste en subir a Puerta de Toledo y bajar por Ronda de Segovia, por lo que es más bien favorable. Lo hice en 4:17 y me di cuenta que Joaquín se había quedado unos metros más atrás.

Entonces me fijé que delante de mí, como a diez metros, iba un individuo que me ganó en la Media de Villaverde, así que me marqué el objetivo de ganarle. Iba poco a poco acercándome a su chepa, pero no conseguía ponerme a su altura. Justo al acabar la bajada de la calle Segovia y al girar por Virgen del Puerto me adelantó una chica de un club de Seseña, que marchaba junto a un compañero del mismo club. Bajaba mejor que yo, pero en llano parecía que yo llevaba un poco más de chispa.

Este tercer kilómetro con la bajada de la calle Segovia es favorable y ahí marcó el crono 4:07, pero lo peor es lo que viene después, que es la subida por la Cuesta San Vicente. Ahí se le va a todo el mundo el crono, ya que es casi todo el kilómetro cuesta arriba. Hice ese kilómetro en 4:42 y lo di por bueno, pero lo que me preocupaba era «mi rival» que no conseguía acortarle ni un metro.

Poco después de acabar ese cuatro kilómetro se llega al cruce donde se cruza la calle Bailén (por arriba) con la cuesta de San Vicente (por abajo). En ese punto se dobla a la derecha y te encuentras con una bonita rampa para subir a Bailén y llegar al Palacio de Oriente. Esa rampa se me hizo más dura que el kilómetro anterior, ahí me flojearon las piernas un poco, pero me fui reponiendo al paso por el palacio y la llegada al viaducto. Hice ese kilómetro, que marca la mitad de la carrera, en 4:35, dejando claro que la rampa de Bailén me había hecho pupita.

Poco después de dejar atrás el meridiano de la carrera se pasa por San Francisco el Grande y se comienza a subir hacia Puerta de Toledo y desde allí, se continúa subiendo hacia la Plaza de la Cebada. Pasada la Puerta de Toledo está el punto kilométrico seis, que pasé en 4:14. En ese punto estaba un puesto de avituallamiento y ahí mi rival sólo me sacaba un metro. Cogí una botella de agua, eché dos tragos e inmediatamente después noté una gran flojedad de piernas; sin embargo pareció que mi rival se tomó un Red Bull porque a partir de ahí empezó a sacarme más y más metros.

Esta subida por la calle Toledo hasta Latina me sentó fatal. El llano hasta Puerta Cerrada y el terreno favorable hasta la calle Mayor no me «devolvió» los segundos que perdí en esa subida y se me fue este séptimo kilómetro a 4:42, ¡lo mismo que en la Cuesta de San Vicente! No me encontraba muy fino y yo creo que el rival se me había marchado más por demérito mío que por mérito suyo.

El tramo entre el séptimo y el octavo kilómetro consiste en subir por la calle Mayor, bajar un poco hasta Sol y volver a subir un poco hasta casi la calle Sevilla. Subiendo por Mayor me adelantó la pareja de Seseña y al terminar la subida, a la altura de la Plaza Mayor, volví a ponerme yo por delante. Ahora la «batalla» estaba más por aquí que con el otro chico, que ya se había marchado bastante. Este octavo kilómetro se me fue a 4:28.

Afortunadamente, sólo queda subir un poco más por Carrera de San Jerónimo, donde poco antes del Congreso comienza terreno favorable ya casi hasta meta. Animé a la chica de Seseña indicando que ya era todo cuesta abajo y me lancé todo lo deprisa que pude buscando el Paseo del Prado y el noveno kilómetro que estaba enfrente del Jardín Botánico. Por allí andaba Emilio haciendo fotos y animando al personal. Este kilómetro, que es casi todo cuesta abajo, fue el más rápido que hice, en 4:04, pero por más que apretaba veía a «mi rival» muy lejos.

El último kilómetro en su paso por Atocha, el Reina Sofía y la Ronda de Atocha sigue siendo favorable, pero el desnivel se equilibra con la subida por la calle Argumosa, donde está situada la meta. Subí bastante bien esa subida situada a 300 metros de meta y escuché por primera vez el nombre de la chica de Seseña. Alguien la gritó: «Vamos Marina, que vas la segunda».

Acabé la cuesta y apreté los dientes para hacer los últimos metros. Pasé por la línea de meta con un tiempo, según mi cronómetro, de 43:22 haciendo este último kilómetro en 4:06, el segundo más rápido. Se nota que estos dos últimos kilómetros son los más favorables. Marina entró muy cerca de mí y Joaquín y Ninfa, que se habían juntado durante el recorrido llegaron como medio minuto más atrás, a punto estuvieron de cogerme. Lo curioso es que al mirar las clasificaciones vi que Marina, la chica que había entrado justo detrás de mí, aparecía como tercera clasificada. Le comenté que lo más seguro es que hubiese entrado un tipo con un dorsal de chica y que reclamase. Al final parece ser que fue así. Reclamaron y se solucionó el asunto, de tal forma que esta chica pasó a ser la segunda clasificada y Ninfa, la tercera.

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Llegando a meta, foto cortesía de Macu

https://connect.garmin.com/modern/activity/1259446459

XXXIX Carrera Fraudulenta Toledo-Polígono

He participado por segunda en esta clásica carrera toledana que ya va por la 39ª edición. Y remarco lo de la edición porque aún siendo una carrera tan longeva, la organización me ha parecido tan mala como si de una primera edición se tratase.

Hace dos años participé con una amiga y nos inscribimos como pareja mixta. Este año hicimos lo mismo y nos dieron un bonito dorsal con el número en color rojo. En nuestro caso, nos tocó el número 544. Remarco lo del color rojo porque era la manera de distinguir si un corredor corría en la categoría de pareja con los que no, que llevaban un dorsal con el número en negro.

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Con la Puerta de Bisagra al fondo, luciendo nuestras bonitas camisetas de la carrera del Zofío

Recogimos el dorsal en un lugar recóndito que nos costó encontrar y faltando media hora estábamos calentando por la zona de salida. Comenzó la carrera, subimos hacia Zocodover, bajamos por una cuesta muy empinada, cruzamos el Tajo por el puente de Alcántara, enfilamos el Paseo de la Rosa, subimos una cuesta bastante larga por un camino, cruzamos la A-42 por un puente y bajamos una cuesta donde mi cronómetro marcó el meridiano de la carrera.

Fue en ese punto donde nos pasó una pareja del toledano equipo Training Rey. Obsérvese que recalco toledano. Miré de reojillo los dorsales de la pareja y vi que eran de color negro. ¡Qué bien! pensé, menos mal que no eran pareja, con lo deprisa que iban nos hubiera sido imposible alcanzarlos.

Seguimos por la carretera que lleva al barrio del Polígono. Llegamos al kilómetro seis, pasamos por el centro comercial La luz del Tajo, encontrando por esa zona ¡¡¡la carretera abierta al tráfico!!! aunque separados por conos, eso sí. Llegamos al colosal hospital -aún en construcción- que ocupa una parcela de más de un kilómetro de largo. Lo pasamos y poco después ya estábamos en el último kilómetro, por supuesto sin señalizar como todos los anteriores y como todo el trayecto.

Según íbamos acercándonos al final iba viendo que una pareja iba por delante. No sabía si corrían como pareja o no, aunque algo sospechaba. Al llegar a un glorieta, el circuito es cuesta abajo por la calle Río Guadarrama. En esa calle se hace un giro de ciento ochenta grados y se vuelve a subir para afrontar la recta de meta. En ese giro vi que la pareja llevaba un dorsal con números en rojo. Invité a mi pareja a que acelerase para ver si los podíamos adelantar, pero no pudo ser. Entramos en meta con un tiempo de 49:20 a cuatro segundos de la otra pareja.

Después de atravesar la línea de meta fuimos a tomar una botella de agua, que la temperatura andaba por encima de los treinta grados, y nos encontramos con una cola enorme que apenas avanzaba. Luego había otra cola para recoger la camiseta y luego había otra cola más si querías degustar una cerveza artesanal en una barra que habían montado por ahí. Después de tirarnos casi media hora entre unas cosas y otras fuimos a ver la clasificación. Allí vimos que aparecíamos como tercera pareja mixta clasificada. Me puse muy contento, ya que no suelo subir al podio casi nunca.

Estuvimos esperando otro rato más para la entrega de premios, que fue también un desastre, y cuando llegó nuestra hora no escuchamos nuestros nombres. Subí rápidamente a hablar con la speaker y me dijo que le habían dado un papel donde aparecía a boli el nombre de la otra pareja. Busqué a alguien de la organización y me dijo que habían revisado el vídeo y habían visto que había una pareja que había llegado antes. Me pareció muy raro, pero pensé que se habían equivocado simplemente.

La sorpresa vino cuando vi que subía al cajón la pareja que nos había adelantado con los dorsales de color negro, es decir, aquella pareja que no corría como pareja. Protesté de nuevo al organizador y me dijo que él no sabía nada, que si la pareja había llamado antes por teléfono al organizador, que si pitos, que si flautas. En fin, llegué a la conclusión de que el equipo Training Rey es de Toledo y que hacen y deshacen a su antojo, pudiendo elegir la categoría según les conviene.

Me pareció lamentable que consiguieran de esa manera fraudulenta un puesto en el cajón.

Si alguna vez no me encontráis no hace falta que me busquéis aquí, seguro que no estoy.

VI Pachanga de las aficiones

Tras mi segunda participación en esta carrera pensé que sería la última; sin embargo, hoy he corrido esta prueba por cuarta vez. El año pasado participé porque me encontraba muy bien y quería ver hasta donde podía llegar. Y este año he participado para acompañar a Joaquín, que quería bajar de cuarenta minutos.

Tenía plena confianza en que pudiera cumplir su objetivo, aunque él se mostraba algo escéptico porque decía que llevaba muchos años sin bajar de esa mítica barrera. De hecho, estaba casi seguro de que él lo iba a hacer, lo que no tenía nada claro es si yo podría.

El año pasado descubrimos que la manera más rápida de llegar hasta la salida es utilizando el cercanías, así que este año decidimos hacer los mismo, aunque esta vez quedamos en la estación 12 de octubre. A las 7:30 habíamos quedado, pero como siempre que vamos a alguna carrera mi amiga y yo llegamos tarde unos cinco minutos. Y tuvimos suerte, porque cuando llegamos al andén, el tren ya había cerrado las puertas, pero al ver que nos quedábamos solos en el andén, decidió abrir las puertas de nuevo y pudimos entrar.

En algo menos de media hora estábamos en Nuevos Ministerios y diez minutos más tarde junto a los camiones donde se dejaba la ropa. Allí nos encontramos con unos cuantos pradolongueros y nos hicimos una bonita foto de recuerdo.

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Equipo pradolonguero casi con completa uniformidad

Entre quitarnos la ropa y hacernos la foto, se fue haciendo una cola enorme para dejar las pertenencias. Igual que el año anterior, la entrega era algo tediosa, ya que había que meter las pertenencias en una bolsa de basura, poner en ésta una pulsera de papel resistente y daban otra pulsera con el mismo número en la muñeca de cada corredor, mientras otro enhebraba cada bolsa a una cuerda. Total para que a la hora de recoger la bolsa tardaran lo suyo.

Estuvimos calentando en la calle San Juan de la Salle un buen rato y estirando también y cuando faltaban diez minutos hicimos el viejo truco de ponernos lo más cerca posible de la salida metiéndonos por un hueco que había en una valla.

El tiempo pasaba lentamente mientras esperábamos y en un momento dado, ya pasadas las nueve de la mañana se empezó a oír la cuenta atrás. Cuando llegó a cero empezamos a correr como es menester, pero no llevábamos ni veinte metros cuando tuvimos que parar porque nos dimos cuenta que el coche que abría la carrera estaba parado. ¡¡¡Salida nula en un diez mil!!!

Ahora empezaba la ardua tarea de que todo el pelotón retrocediese para poder ubicar a todo el mundo que ya había pasado la línea de salida. Así que allí estuvimos unos cuantos minutos empujando a los corredores. Al final dieron la salida y más de uno estaba adelantado de esa línea.

El primer kilómetro es casi todo cuesta arriba y el pelotón es muy numeroso, así que es fácil que se vayan escapando segundos. En nuestro caso, la referencia es cuatro minutos por kilómetro, así que todo lo que pase por encima hay que recuperarlo. Ese primer kilómetro lo hicimos en 4:19 algo más lento de lo previsto, por lo que ya teníamos casi veinte segundos que recuperar.

Los dos siguientes kilómetros los hicimos en 3:51 cada uno, por lo que ya estábamos casi «empate» a cuatro. En esos primeros kilómetros me llamó la atención una chica que parecía iba corriendo a sprint y lanzaba unos suspiros que parecía que le iban dando puñaladas. Daba casi miedo escucharla.

El cuarto kilómetro se nos fue a 3:57 y ahí me di cuenta de que era muy probable que hiciésemos el tiempo previsto, pero que la cosa iba a andar justa. Y tanto, porque en el quinto también hicimos 3:57 y aunque ya llevásemos unos segundillos ganados al crono, para poder cumplirlo no había que flaquear en ninguno y apretar en los dos últimos en los tramos más favorables.

El kilómetro seis está justo enfrente del Congreso, en la Carrera de San Jerónimo y aunque es cuesta arriba, se compensa un poco con la bajada hasta Neptuno. Ahí se nos fue a 4:01, pero la cosa marchaba. Es el siguiente kilómetro el más complicado porque se sigue subiendo la Carrera de San Jerónimo, se llega a un llano hasta Sol y luego sigue el perfil ascendente hasta la Plaza de San Miguel. Antes de llegar a esa plaza está el kilómetro siete y ahí el cronómetro marcó 4:11.

Habíamos pasado el tramo más complicado y aunque llevábamos unos cuantos segundos perdidos, ya sí tenía claro que bajábamos, porque nos quedaba una pequeña bajada hasta Bailén, luego un tramo más o menos llano hasta la Puerta de Toledo y luego una buena bajada para recuperar esos segundos. Hicimos el octavo kilómetro en 3:54 y el siguiente, ya bajando Pontones, por el tramo más favorable se nos fue el noveno a 3:46. Fue en ese punto donde Joaquín puso pies en polvorosa. El metro que le había concedido de cortesía empezó a alargarse y me resultaba imposible acercarme a su espalda. No era capaz de alargar la zancada lo suficiente o mover las piernas más deprisa.

A falta de quinientos metros, la carrera se mete por Alejandro Dumas en vez de seguir por Paseo de Melancólicos, que es el camino más rápido para llegar al Vicente Calderón. Si no has corrido nunca la prueba, puede ser algo desconcertante, pero ya conocía este desvío con su «guinda» final. Y es que al final de Alejandro Dumas hay una bonita cuesta que si vas al límite se te puede hacer dura. Y eso le pasó a Joaquín, porque fue en este punto donde conseguí de nuevo llegar a su altura; sin embargo, en la posterior bajada se me fue un poco y llegó a meta un segundo antes que yo con la satisfacción de haber bajado de los cuarenta minutos.

Llegué a meta con un tiempo bruto oficial de 39:51 (por 39:50 de Joaquín) aunque ambos hicimos un tiempo neto idéntico de 39:46 ya que él salió un poco antes que yo.

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Tiempos por kilómetro

XXVII Carrera popular ciudad de Getafe

Hoy he participado por primera vez en esta carrera que se celebra no muy lejos de casa, ya que viviendo en el sur de Madrid las carreras de Getafe pillan más cerca que muchas de las que se celebran en la capital.

La carrera comenzaba a las 9:30 y habíamos quedado a las 8:00 en el punto de encuentro habitual pradolonguero para acercarnos hasta allí en el coche de Emilio que se había prestado solícito a llevarnos. Al estar tan cerca, enseguida estábamos cerca de la zona de salida/meta y encontramos sitio para aparcar con facilidad. Total que cuando entramos en el polideportivo, estaban todavía casi empezando a organizar los diversos apartados de la carrera.

Retiramos dorsal, nos hicimos una bonita foto, dejamos la bolsa en el ropero e hicimos algo de calentamiento antes de salir a la avenida don Juan de Borbón donde se daba la salida.

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Cuatro pradolongueros antes del comienzo de la carrera

Para quien haya corrido la versión tradicional de la media de Getefe, donde se daban dos vueltas, esta carrera es prácticamente idéntica a una de las vueltas de esa media, ya que empieza en el mismo sitio, acaba en la misma pista de atletismo y pasa por las mismas calles, con alguna mínima diferencia.

Salí con Joaquín con la idea de acercarme a 41:20, que supone un ritmo de 4:10 min/km, pero ya incluso antes de empezar me parecía algo ambicioso. Dieron la salida y Joaquín salió como un poseso, yo iba instalado a un par de metros más atrás. Pasamos el primero kilómetro y el crono marcó 4:00, muy rápido pensé, a ver si baja un poco el ritmo, pero Joaquín seguía erre que erre y aunque el segundo kilómetro es un poco para arriba, el crono marcó 4:05. Me seguía pareciendo muy rápido, pero mi compañero es así: salir a tope hasta reventar.

Aguanté como pude esos dos metros por detrás de él hasta el kilómetro cinco donde estaba situado el avituallamiento. El cronómetro marcaba 20:52, un tiempo peor que un par de semanas antes en Torrijos, pero ya notaba que las piernas no eran las de aquel día y que el plan B de tratar de mejorar la marca en esa carrera iba a ser también complicado.

A partir del meridiano de la carrera, Joaquín empezó a irse metro a metro. El seguía a buen ritmo y yo cada vez peor, tratando de no perderle de vista… pero se alejaba sin remedio. Yo no iba nada fino, así que ya empecé a pensar en un plan C donde el objetivo era hacer sobre 42:30 a un ritmo de 4:15.

Según transcurrían los kilómetros más lejos le veía y así, con esa tónica, nos fuimos acercando a la meta. Volví a ver al pradolonguero volador mientras yo bajaba por la avenida don Juan de Borbón y él subía ya dentro del recinto del polideportivo buscando la pista del cien.

Aceleré lo que pude en ese último kilómetro y algo de fuerza me quedaba porque fue el tercer mejor tiempo de los diez kilómetros. Llegué a meta con un tiempo oficial de 42:38 un poquito más de lo esperado en el plan C.

Joaquín hizo un carrerón y acabó con una marca de 41:44, por lo que me metió casi un minuto en cinco kilómetros. De todas formas, no estaba contento del todo. La otra pareja pradolonguera acabó con 48:14.

Después del paso por la línea de meta fuimos obsequiados con una camiseta técnica, muy bonita, por cierto, un plátano, una botella de agua y un bote de Aquarius. El precio de inscripción es de 10 € en un primer plazo y 12 € en un segundo. Desde mi punto de vista, un poco caro, pero la organización estuvo muy bien, la camiseta es de muy buena calidad y se trata de una carrera homologada, que ahí también la Federación se lleva tajada.

Al igual que Joaquín, tampoco acabé muy contento con la carrera, ya que hice más tiempo que en Torrijos dos semanas antes… aunque empiezo a pensar que a la carrera toledana le faltaba algún metro para llegar al diez mil. De todos modos, aunque en carrera no me molestó en absoluto la lumbalgia, no he entrenado bien por su culpa y además estoy pasado de peso. Ayer marcaba la báscula 70,1 kg que es menos que la pesada anterior, pero todavía lejos de lo que debería.

Según el GPS: 10,09 km en 42:41 @ 4:14 min/km # VDOT = 48,7 # T = 4:21 # M = 4:37

VIII Carrera popular villa de Torrijos

Un año más me he acercado a esta localidad toledana a participar en su carrera popular y otro año más que he acabado más contento que unas castañuelas de la experiencia.

Ya lo he dicho por activa y por pasiva que me parece una de las mejores carreras de cuantas conozco y año a año lo siguen demostrando los miembros de la Asociación Atlética Torrijos.

No tenía muy claro cuanto podía dar de sí, ya que la última carrera en la que me «exprimí» fue la Carrera Proniño, así que me fijé la meta de hacer sobre 42 minutos. Y si pudiera bajar de esta marca, miel sobre hojuelas.

Traté de salir controlando el ritmo, pero me fui animando y picando con otros corredores, sobre todo con un individuo vestido de color naranja que me adelantaba una y otra vez acortando por las aceras. La verdad es que da igual llegar un puesto antes que después… pero jode este tipo de acciones.

La carrera consta de dos vueltas idénticas y en la primera pasé bajo el arco de meta con 20:38. Así que vi factible hacer los 42 minutos previstos e incluso bajar. Muy mal se me tenía que dar la segunda vuelta.

Y peor se me dio, porque notaba que me flojeaban uno poco las fuerzas y veía en el reloj que los kilómetros iban cayendo con tiempos peores de los que me hubiese gustado.

Este año han cambiado el circuito para evitar ciertas revueltas que se hacían en el último kilómetro. Además con el cambio, hay un tramo que vas por la sombra de los árboles del paseo. Lo que se gana por un lado, se pierde por otro, porque el tramo por el paseo es sobre tierra, con la consiguiente pérdida de algunos segundos y después de acabar el paseo y girar 180º el camino es ligeramente ascendente. Muy ligeramente, pero se nota.

El espécimen recortador de aceras me había sacado bastante en esa segunda vuelta, pero ya cerca de meta vi que le iba recortando el terreno, así que traté de acercarme a él para darle matarile en los últimos metros. Y la verdad es que llegamos juntos a meta, aunque habría que ver la foto finish para determinar si conseguí sobrepasarlo o no.

El tiempo oficial fue de 41:54 lo que indica que la segunda vuelta (21:16) fue bastante peor que la primera (20:38), pero es que últimamente no soy capaz de controlarme al principio y voy demasiado deprisa en los primeros kilómetros. Llegué el 87º de la general y el 32º de mi categoría. Ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

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Llegando a meta, apretando los dientes para adelantar al recortador (foto cortesía de la organización)

Al llegar a meta fuimos obsequiados con una medalla y una toalla. Algunos metros más allá había diversos tenderetes con melón, bocadillo, refresco, agua y cerveza con patatas fritas a discreción. Antes de comenzar la carrera nos habían regalado una bonita camiseta técnica de manga larga. Y todo por 6 €. No está nada mal. Una magnífica carrera que hay que agradecer al buen hacer de la Asociación Atlética Torrijos.

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Después de llegar a meta, con nuestras flamantes toallas

Según el GPS: 9,88 km en 41:56 @ 4:15 min/km # VDOT = 48,4 # T = 4:22 # M = 4:39

VI Carrera Proniño

Se trata la Carrera Proniño de una carrera significativa para el equipo; no obstante llevamos el nombre de la fundación en la camiseta. Es por eso que esperaba una buena participación maratidiana, pero hoy nos hemos dado cita junto a la boca de metro de Ronda de la Comunicación un nutrido grupo… tantos como cinco. Está claro que somos un equipo de chichinabo.

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Preparándonos para la foto

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Foto del equipo. Gracias a Iñaki por ambas fotos

Al contrario que en la Ciudad de los Ángeles, hoy hemos tenido suerte con la climatología porque aunque hacía sol, corría una brisa fresquita que hacía que la temperatura fuese más agradable. Eso ha hecho que se pudiera correr mejor que hace dos semanas.

Salí con la idea de hacer sobre 42:30, lo que implica llevar un ritmo de 4:15 durante toda la carrera, pero se trata de una prueba donde el terreno es ondulado, por lo que conviene recortar segundos en las zonas más favorables para tratar de compensar la pérdidas en las subidas. Así, salí algo fuerte e hice los dos primeros kilómetros bastante rápidos, a 4:00 y a 3:58, pero enseguida vi que no tenía piernas para muchas alegrías, las notaba cansadas, por lo que el ritmo fue decayendo poco a poco.

Suele ocurrirme en las carreras de diez kilómetros que donde peor lo paso es en el sexto y séptimo kilómetro y esta vez no fue una excepción, además se juntó que esos kilómetros transcurren por la zona que quizás sea la más dura. Estaba deseando pasar el kilómetro ocho porque sabía que pasado ese punto hay una cuesta abajo que ayuda un poco a recuperar.

Del ocho y medio hasta el nueve es hacia arriba, pero no se me dio tan mal como temía, quizás porque ya veía la meta cerca. Sabía que un poco más de ese hito kilométrico el perfil es más llano e incluso favorable en la última recta de meta. Lo peor de la recta de meta es que se hace muy larga. Son cuatrocientos metros, pero parece que no terminan nunca. Según que iba acercando a meta veía que el cronómetro se iba acercando peligrosamente a los cuarenta y tres minutos, por lo que apreté los dientes todo lo que pude, de esta forma conseguí pasar por debajo del arco de meta cuando el reloj marcaba 42 minutos y 56 segundos, aunque descontando el tiempo que tardé en pasar la línea de salida se queda en 42:43 haciendo algunos segundos más del objetivo previsto, pero tengo que darme por satisfecho ya que mi estado de forma dista bastante de lo que quisiera.

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Entrando en meta por la tangente. Foto cortesía de Sport Life

Después de entrar en meta, sprint hasta el guardarropa para coger las octavillas que debía repartir para promocionar la Carrera Popular Barrio del Zofío, carrera de mi barrio que se celebrará el domingo que viene y a la que os animo a todos a participar. Una magnífica carrera organizada por corredores para corredores. No os sentiréis defraudados.

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Cartel de la Carrera Popular Barrio del Zofío

XXXVII Carrera Popular Ciudad de los Ángeles

He participado, por segunda vez, en la Carrera Popular Ciudad de los Ángeles. Se celebraba nada menos que la XXXVII edición de esta carrera, lo que la convierte en una de las más longevas de las populares de Madrid. Este año ha dejado de ser gratuita, pero el precio de la inscripción de sólo 3 € es prácticamente simbólico.

Llegamos sobre las 8:20 al lugar donde está ubicada la meta/salida y ya hacía bastante calor, lo que me dio muy mal rollo. Para correr prefiero el frío, sin ningún género de dudas. Pero en esta época del año, es más fácil que salga un día caluroso que frío.

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Posando con una amiga antes de comenzar la carrera

La carrera son tres vueltas a un circuito de algo menos de 3,3 km, con alguna pequeña cuesta que se hace notar, más si cabe debido al calor. Sobre todo hay un bonito repecho al final de cada una de las vueltas que se me hizo duro, más duro en cada una de las vueltas.

Siendo mi 228ª carrera popular, sufrí dos errores de principiante, debido sobre todo a las prisas. El primero de ellos fue no hacer doble nudo a los cordones de las zapatillas. Eso provocó que sobre el kilómetro tres se me desabrochara la zapatilla izquierda. Tuve que parar a atarla porque no iba nada cómodo con el cordón en ese estado.

El segundo error fue no hacer doble nudo a la otra zapatilla aprovechando esa parada. Eso provocó que en la siguiente vuelta tuviera que volver a parar. Estas dos paradas aparte de hacerme perder algunos segundos, consiguieron que el ritmo fuese un tanto irregular y que no consiguiera ir cómodo en ningún momento. Bueno, las paradas y que no ando muy fino últimamente como ya me di cuenta en el entrenamiento del martes.

Salí con la idea de hacer sobre 42 minutos, aunque en mi fuero interno creía que quizás pudiera hacer 41. La idea era ir in crescendo en cada una de las vueltas, por lo que iba controlando con el cronómetro el ritmo. Hice el primer kilómetro en 4:18 y aunque fue algo más lento de lo pensado lo di por bueno debido al atasco que sufrí en los primeros metros.

En el segundo vi en el cronómetro que el ritmo bajaba de cuatro minutos, por lo que traté de calmarme un poco, que me veía algo acelerado, aunque el ritmo alto era debido a que el terreno es favorable. Al bajar algo el ritmo hice ese kilómetro en 4:04. La cosa iba bien.

El tercer kilómetro, aunque empecé con el problema de la zapatilla, se fue a 4:19 y el cuarto, en el que tuve que parar a atarla sólo conseguí hacer 4:33, se me irían quince o veinte segundos en la parada. Hasta ese momento iba junto a una chica y al volver a ponerme en marcha vi que iba unos cincuenta metros delante de mí. Traté de acercarme a ella, pero no era posible, no marchaba todo lo bien que me hubiese gustado.

Visto lo visto, ya había desechado aumentar el ritmo en la segunda vuelta. Me conformaba con seguir al ritmo que había hecho en los primeros kilómetros y más o menos así fue, hice el quinto y el sexto en 4:16 y 4:19, pero pasado ese sexto kilómetro se me desabrochó la otra zapatilla y entre que volví a parar y que aflojé algo el ritmo al beber agua y la cuesta, hice ese séptimo kilómetro el peor de todos, en 4:55.

Ahora venían dos kilómetros favorables. Hice el octavo en 4:17 y el noveno, ya muy cansado y muy acalorado se fue a 4:27. En la última cuesta de la jornada me adelantó David, el de Danone, me animó, pero ya iba muy mal y no pude ni seguirle. También salió ese kilómetro (bueno, sólo fueron 800 metros) en 4:27. Salieron en total 9,8 km.

Total que entre esos problemas y que no iba nada fino, sufrí bastante y llegué a meta con un tiempo oficial de 43:05. Un tiempo no muy allá, pero cuando no se puede, no se puede.

Aunque a mí se me dio fatal, la amiga con la que había venido hizo una buena carrera y consiguió auparse al tercer puesto del cajón.

II Carrera popular ciudad de Parla

He participado por primera vez en esta carrera que vendían una de las más rápidas de Madrid. Y la verdad es que la carrera está muy bien. La organización es excelente aunque el recorrido no sea muy atractivo, pero imagino que si quieren hacer una carrera rápida a lo mejor no hay otro sitio por donde llevarlo. Y si quieren hacerlo mejor todavía, tienen que plantearse quitar esos tres giros de ciento ochenta grados que había en el recorrido.

Entregaban dorsales sólo hasta las nueve, cuando la carrera empezaba a las diez, así que tocó darse un buen madrugón. A las siete sonaba el despertador y en cuanto me puse de pie me di cuenta de que la cosa no andaba bien. El tendón de aquiles y la rodilla de la pierna izquierda me molestaban un poco. El gemelo de la derecha, también. Y lo peor es que al visitar el servicio me di cuenta de que padecía una desagradable cagalera. Las sensaciones eran pésimas.

De tanta visita al servicio, llegamos tarde al puente donde habíamos quedado con Emilio a las ocho en punto, pero Emilio tuvo la santa paciencia de esperarnos.

Llegamos con bastante tiempo a Parla y encontramos el sitio con facilidad. A esas horas no había mucha gente todavía y recogimos el dorsal y la camiseta en un periquete. Nos llevamos una sorpresa al ver nuestro nombre en el dorsal. Nos hacía sentir casi corredores «de verdad».

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Dorsal personalizado, ¡buen detalle!

Otra visita al servicio mientras los compañeros se refugiaban en el bar del campo de fútbol, donde se estaba la mar de bien con la calefacción a tope. Ellos se tomaron un café, yo no quise probar nada por si acaso.

Fuimos a dejar la ropa en el guardarropa, pero antes un amable corredor nos inmortalizó. Se nota en la cara que hacía un frío de órdago.

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Pradolongueros paralizados por el frío

Quedaba bastante tiempo todavía para comenzar y buscamos una calle soleada para calentar. Y allí estuvimos dando vueltas como una peonza haciendo tiempo. Cuando ya quedaba un cuarto de hora fuimos a buscar un servicio… pero esta vez sólo para hacer aguas menores.

Me coloqué junto a Quique bastante cerca del arco de salida y un minuto después de las diez de la mañana dieron la salida. Mi idea era tratar de bajar de cuarenta minutos pero teniendo mucho cuidado con mis múltiples molestias. Al menor signo de que algo fuese mal, retirada; sin embargo, no noté ni una sola molestia durante toda la prueba.

Casi sin darme cuenta estaba junto al globo de los cuarenta minutos. Mi idea en un principio era sobrepasar este grupo porque sospechaba se iban a agrupar diversos corredores e iba a resultar difícil seguir un ritmo constante; sin embargo, no iba nada mal, el ritmo que llevaba era justo el que deseaba, haciendo kilómetros sobre 3:55, así que seguí detrás de él. De vez en cuando, cuando soplaba el viento, algún globazo me llevaba, pero sin problemas.

Al llegar al kilómetro dos nos encontramos el primer giro de ciento ochenta grados. En ese punto había algo de gravilla y más de uno se resbaló. Además la calle era algo estrecha porque había coches aparcados a ambos lados. Fue el punto más «negro» de la carrera, ya que el resto era por calles más anchas y el pelotón iba más estirado. Poco después, sobre el kilómetro tres se afronta la Avenida de América, allí el terreno picaba para arriba aunque con una pendiente muy ligera.

Yo seguía detrás del globo, concentrado en mi carrera, mirando el crono de vez en cuando para ver si se cumplía el plan previsto. Llegamos al kilómetro cinco donde daban agua, allí me tropecé con el corredor que marchaba delante de mí que repentinamente se fue hacia la izquierda a por el líquido elemento. Creo que me hice más daño que él porque empezó a dolerme la uña del pie derecho que tengo algo delicada. Decidí no coger nada porque sospeché que estaría muy fría y tampoco el cuerpo me lo pedía. Hasta ahora la cosa iba bien. Había pasado todos los kilómetros por debajo de cuatro y no había sentido ninguna molestia.

Poco después de ese punto kilométrico se llega a la avenida de los Planetas, se trata de una larga recta que pica para arriba. Empecé a sospechar que el circuito no era tan llano como podía suponerse. En esa subida miré el crono y vi que íbamos por encima de cuatro. Tuve la sensación de que el globo iba perdiendo fuelle, así que aumenté un poco el ritmo y le adelanté prácticamente cuando llegábamos al segundo giro de ciento ochenta grados de la jornada, sobre el km 5,5 de la prueba. Ahora todo lo que habíamos subido de esa avenida tocaba bajarlo, por lo que pude recuperar algunos segundos de los perdidos.

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Volando hacia meta, foto cortesía de deporgrafia.es

Casi sin solución de continuidad llegamos a la avenida de las Estrellas que además de ser paralela a la otra tiene un perfil prácticamente idéntico. Quinientos metros en ligera pendiente ascendente para llegar al tercer y último giro de ciento ochenta grados. Después del giro esos quinientos metros subidos se tornan favorables. Acaban las estrellas en el km 7,6 aproximadamente y ya se encara una larga recta que lleva hacia el estadio donde estaba instalada la meta.

Ya se ve el estadio cuando de repente se gira a derechas para afrontar la calle Piscis, pasando de la ciencia de la astronomía a la chufla de la astrología. Esa calle aunque corta era también ligeramente ascendente y encima adoquinada. Casi al final de la calle se llega al punto kilométrico nueve y ya está el estadio ahí mismo. En una de esas esquinas me adelantó el típico recortador, de esos que hay tantos y me puse a su chepa casi de puro mosqueo.

Después de esa pequeña revuelta se llega a donde está instalada la salida y ahí mismo está el desvío que lleva hacia el estadio, donde hay que hacer unos trescientos metros en la pista de atletismo. El asaltaesquinas que me precedía volvió a hacer una de las suyas, adelantando a un corredor pisando la hierba en vez de adelantar por fuera. Hay algunos que no tienen remedio…

A falta de doscientos metros empecé a acelerar el paso y conseguí adelantar a tan molesto acompañante y a alguno más que ya iba para pocos trotes. Justo antes de la línea de meta pitó mi cronómetro el kilómetro diez y metros después atravesaba la línea de meta. Para no salir en la foto, si es que hubiese, mirando el reloj, paré este un tiempo después observando que marcaba 39:31. Objetivo cumplido. Cuando aparecieron las clasificaciones pude comprobar que la organización me asignaba un tiempo oficial de 39:27 siendo el 346 de la clasificación general y 26 de mi categoría, según puede verse en una copia de la clasificación que guardo aquí.

Después de la llegada a meta, bolsa con un plátano, un pequeño bollo y agua. La recogida de la ropa, sin espera ninguna y aprovechando que daba el sol, hicimos unos estiramientos junto a la ría. Ahí noté que el gemelo derecho me molestaba y ahora, cuando escribo estas líneas, me molesta más todavía. Me parece que la carrera me va a costar unos días de inactividad.

Lo dicho, una carrera muy bien organizada, algo cara (10 euros si te inscribías antes del 15 de enero y 12 euros después) y rápida, aunque quizás no tanto como venden. De todas formas, es muy difícil sacar diez kilómetros completamente llanos. Y de todas formas, hay que gente que prefiere los desniveles a que sea continuamente llana. Yo no.

http://connect.garmin.com/modern/activity/692648299

V Pachanga de las aficiones

Aunque prometí el año pasado que no iba a volver a correr esta carrera, lo he vuelto a hacer. Parezco un político, prometiendo y no haciéndolo, pero como dije el otro día, quería aprovechar mi estado de forma para intentar bajar de cuarenta minutos una vez más.

Habíamos quedado cuatro pradolongueros a las 7:15 en la estación de Renfe de Orcasitas. Puntualmente nos juntamos allí los cuatro y en menos de media hora nos bajábamos en la estación de Nuevos Ministerios y antes de las ocho ya estábamos en las inmediaciones de la línea de salida. Lo primero fue una visita al váter y rápidamente a quitarnos la ropa y dejar la mochila en el guardarropa para que no me pasara lo del año pasado, que me tocó correr con la mochila. Pero antes de dejar los chismes, nos hicimos una foto los cuatro pradolongueros.

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Con los compañeros pradolongueros

La recogida de la ropa fue lenta, muy lenta. Había que meter las pertenencias en una bolsa de basura, te daban una pulsera con un número y el mismo número era pegado a la bolsa. Luego enhebraban con una cuerda todas las bolsas de basura una detrás de otra. Un curioso sistema muy bien pensado para perder el tiempo, porque además, aunque había bastantes camiones, hasta que no se llenaba uno, no empezaban con el otro, lo que provocaba atascos ya desde el primer minuto.

Después de entregar la ropa, para no quedarnos fríos, a Miguel se le ocurrió la genial idea de refugiarnos en un cajero automático. Allí estuvimos estirando y a las ocho y media fuimos a la puerta cero del estadio donde nos esperaba Iñaki. Con el que nos hicimos otra foto…

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Con los compañeros maratidianos

Después de la foto a calentar un poco antes de buscar un sitio en la salida. Y cuando faltaban diez minutos para el comienzo a buscar un hueco lo más cerca de la línea de salida. Casualidades de la vida, fui a meterme justo en el sitio donde estaba mi amigo y tocayo con el que corrí un montón de kilómetros en la media de Getafe de 2013.

Me comentó que iba a hacer sobre cuarenta minutos y me pareció mejor opción que ir con Quique y Miguel, ya que este último tenía intenciones de bajar de treinta y ocho minutos para poder correr la San Silvestre Vallecana internacional. Y yo, ni por asomo iba a poder seguir su ritmo, sobre todo viendo sus entrenamientos en el parque donde le habíamos visto fuerte, fuerte.

Poco antes de dar la salida sonó el himno del Madrid, que no fue muy coreado por los merengues; sin embargo, cuando sonó el himno colchonero, el carril donde estaban ubicados los indios comenzó a tronar con miles de gargantas siguiendo el himno. Una curiosa diferencia entre las dos aficiones. Ya podían aprovechar y hacer un derbi a tres bandas, incluyendo al Rayo Vallecano, que también es equipo de la capital y de primera.

Después de ese momento emocionante dieron la salida y me puse en marcha como alma que lleva el diablo. Quique y Miguel salieron más deprisa aún. Los veía alejarse metro a metro. Iban lanzados como cohetes a por su objetivo.

El primer kilómetro es casi todo cuesta arriba. Se sube por la Castellana hasta la plaza de Cuzco, allí se hace un giro de ciento ochenta grados y comienza la cuesta abajo. Al poco de empezar a bajar se pasa por el primer hito kilométrico. El cronómetro marcaba 4:09 que lo di por bueno ya que era el comienzo y cuesta arriba. Ya habría tiempo hasta Neptuno para mejorar los parciales. Y así fue, el segundo kilómetro ya hice 3:44 y el tercero en 3:50. En ese kilómetro pensé, «ya he compensado esos primeros nueve segundos que perdí con este tercero, y encima tengo un colchón de quince segundos. tengo que seguir tratando de moverme a esos ritmos».

El cuarto kilómetro fue mejor todavía, el cronómetro marcó 3:41 y era una gozada ir a esos ritmos impensables en un terreno llano… o cuesta arriba.

Antes de llegar a Colón uno de los corredores que iba delante de mí cayó al suelo cual largo era. Había un policía cerca y se aproximó para ver qué pasaba. Espero que fuese sólo el susto.

Ya en la plaza de Colón, alcancé a la tercera clasificada, que iba acompañada por una bicicleta de la organización indicando su posición. Al salir de la plaza, mientras adelantaba a esta chica, la que iba cuarta también la adelantó. Esta chica iba más deprisa y enseguida me sacó unos diez metros. Vi que junto a la chica y la bicicleta iba el amigo con el que había coincidido en la salida. Su gorra amarilla me iba marcando el ritmo. Yo trataba de que no me sacase demasiado.

Pasamos Cibeles y llegamos al avituallamiento. No vi el punto kilométrico cinco y bien que me alegro porque siempre suelo tener un bajón entre el cinco y el seis, así que pienso que lo pasé mejor así, aunque después del agua, se llega a Neptuno y ahí se dobla a la derecha para afrontar la cuesta de la Cueva de Alí Babá, más conocida como el Congreso de los diputados. Casi enfrente de los leones del congreso está situado el punto kilométrico seis. Ahí vi que estos dos últimos kilómetros los había hecho en 7:57. ¡Bien! No pasé de los ocho minutos.

La cuesta de la Carrera de San Jerónimo se hace bastante dura, a mí al menos me costó. Es quizás el tramo más duro porque está esta cuesta y luego también es hacia arriba desde Sol hasta la plaza de la Villa. Ahí se me fue el kilómetro a 4:14, pero lo di por bueno. El tramo más complicado y no demasiados segundos por encima de los cuatro.

Acaba Mayor y se llega a Bailén. Se pasa por San Francisco el Grande y hay otra pequeña cuesta para llegar a la Puerta de Toledo, pero es poca cosa, aunque por aquí ya no iba muy fino, por lo que me entraron los típicos pensamientos negativos: «¿qué hago yo aquí sufriendo como un perro?, ¿merece la pena pegarse esta paliza?». Lo típico. Aún así conseguí hacer 3:57 en ese kilómetro. Ya tenía claro que bajaba de cuarenta seguro… a no ser que ocurriese alguna desgracia.

Desde la Puerta de Toledo empieza la cuesta abajo más pronunciada de la carrera, que transcurre por el Paseo de Pontones. Hay que darlo todo para recuperar segundos en esa zona, pero sin dejarse todas las fuerzas que aún queda la fiesta final. Bajando Pontones se llega a una plaza por la que suele pasar la maratón de Madrid, la plaza de Francisco Morano. Ahí se gira a la izquierda y se baja por el Paseo Imperial donde está el kilómetro nueve. Ayudado por esa cuesta abajo hice ese kilómetro en 3:47. ¡Ya estaba la cosa hecha!

Se llega a Pirámides, se gira bruscamente a la derecha por Alejandro Dumas y al fondo ya se ve el Vicente Calderón, pero no se llega al estadio por Paseo Melancólicos, sino que se sigue por Alejandro Dumas y a unos trescientos metros de la llegada viene la fiesta final. Una cuesta de las que hace daño en las piernas, sobre todo por el desgaste que ya se lleva.

Antes de comenzar la cuesta ya había perdido a mi amigo de la gorra amarilla, pero la tercera clasificada no estaba demasiado lejos. Comenzamos la cuesta arriba y todavía me quedaba algo de fuerzas. Allí adelante a algunos que me precedían. La chica sufrió bastante en esa subida y también conseguí pasarla.

Al coronar la cuesta ya está todo hecho. De nuevo se llega al Paseo de Pontones y sólo hay que «tirarse» ya a la meta que está ahí mismo. Apreté todo lo que pude y paré el cronómetro cuando marcaba 39:13. ¡Increíble!, no sólo bajé de cuarenta minutos, sino que hice mejor marca personal. Parece que mi reloj marcó más de la cuenta, debió ser que lo paré demasiado tarde, el caso es que el tiempo oficial es tres segundos menos: 39:10

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Tiempos por kilómetro

Lo curioso es que no estoy muy contento con esta MMP, ya que aunque la carrera está homologada, el hecho de que muchos kilómetros sean cuesta abajo provoca que la marca no sea muy satisfactoria. Probablemente, en una carrera llana hubiese rondado los cuarenta segundo arriba, segundo abajo. Pero bueno, ahí queda anotado esta marca.

El que sí estaba contento, pero que muy contento, es mi compañero Miguel, el vallecano, que había conseguido su objetivo de bajar de los treinta y ocho minutos. Nada menos que 37:37 consiguió hacer. Tuvo incluso la osadía de llegar antes que Quique. Se ha ganado de pleno derecho poder participar en la San Silvestre Vallecana Internacional. ¡Enhorabuena!

Después de la carrera, fuimos al camión a retirar la bolsa. Un auténtico desastre. Nosotros que llegamos al camión no muy tarde, estuvimos más de diez minutos esperando porque el sistema de enhebrar una bolsa con otra es absolutamente improductivo. Para sacar una bolsa tienen que andar sacando todas las anteriores y la cosa se eterniza. Deberían pensar otro sistema porque este es claramente ineficaz.

Aunque es meramente anecdótico, decir que según la organización, ganaron los rojiblancos. Se supone que suman los tiempos de todos, pero no me extrañaría que lo hiciesen de tal forma que este año ganas tú, luego gana el otro. Vamos, tipo bipartidismo, que es lo que se lleva.

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Curioso diploma

Aprovecho para anotar el peso, según la rutina semanal. Aunque había conseguido bajar de los sesenta y ocho durante dos semanas, esta vez he vuelto a subir. Ayer la báscula marcaba 68,4 kg. Tengo que controlar, tengo que controlar, tengo que controlar, … Tendré que repetir este mantra una y otra vez cada vez que me siente a la mesa.

¡Menudo ladrillo me ha salido!