El del San Marcos ya debe conocernos

Llevaba ya dos semanas sin coger la bici, así que tenía ganas. A eso de las nueve me levanté, preparé los chismes y sobre las diez salí junto a una amiga rumbo a San Martín, con la idea de desayunar allí y darnos la vuelta. Y eso fue lo que hicimos. En San Martín nos sentamos en la terraza del San Marcos, nos tomamos un café con barrita de tomate y vuelta a casa.

Como siempre el viento hizo de las suyas porque hubo un momento que dije que no soplaba y dos segundos después casi no podía sujetar la bici. No tuvo más historia la cosa.

Hicimos aproximadamente 52 km en un tiempo de 2h13 a una velocidad de 23,5 km/h.

Desayunando fuera de casa

Desde el 1 de mayo no cogía la bici y tenía mono, debo reconocerlo. Así que me he levantado sobre las ocho de la mañana, he inflado las ruedas de la bici, me he vestido de romano y zumbando hacia San Martín, que es el recorrido más fácil que tengo.

La idea era ir tranquilo, pero tampoco de paseo. Además, de todos modos, siempre te acabas picando con alguien. Realmente no era coger la bici y correr, de lo único que se trataba era de desayunar fuera de casa. Y pensaba que al llegar a la churrería San Marcos, en San Martín (esto va de santos) habría poca gente, pero me he equivocado por completo. Estaba a rebosar. Como no tenía ninguna prisa, me he sentado en una silla que había libre esperando que alguien dejase una mesa. Tampoco he tenido que esperar mucho.

Como siempre, media barrita con aceite y tomate y café con leche. Me lo he tomado tranquilamente, disfrutando del momento. El sitio es fenomenal, pero el precio es realmente barato. Ese desayuno ha costado un euro y medio, que comparado con los dos euros y cuarenta céntimos que me cobran al lado del trabajo, es baratísimo. No me extraña que se llene.

Después la vuelta a casa con la misma idea: tranquilo, pero sin dormirme. Pero mientras venía para casa me he acordado de Pedro que hoy participaba en un half en Vitoria y he pensado, ¿por qué no probar a correr después de ir en bici?

Y no me ha parecido mala idea, por lo que al llegar, me he despojado del traje de romano y me he vestido de corredor, dispuesto a correr sólo cuatro kilómetros. Y tengo la sensación de que no ha sido buena idea porque cuando he salido iba con el gemelo derecho raro, como si lo tuviese «flojo». Una extraña sensación. El caso es que según iba corriendo me iba encontrando mejor; sin embargo, esta tarde cuando escribo esta entrada noto que me duele. Mal asunto.

La semana pasada no fue la última

Decía que la semana pasada había sido la última salida del año en bicicleta, pero no ha sido así. Hoy me he levantado y he visto que hacía sol, así que no me lo he pensado dos veces y me he disfrazado de ciclista y he salido, ¡cómo no! rumbo a San Martín de la Vega. Esta vez he ido solo, no con mi compañera habitual de correrías.

No sé muy bien el motivo, pero no suelo ir por el carril bici que rodea Perales del Río, sino por la carretera M-301 que también rodea Perales del Río, pero de maneja algo menos «ajustada». De tal modo, que yendo por el carril bici se hacen un par de kilómetros más que por la carretera.

Como iba yo solo y el viento soplaba a favor, he ido más deprisa de lo habitual y en menos de una hora ya estaba en la terraza del San Marcos dispuesto a comerme la habitual barrita (o barraza) de tomate con aceite. Y he debido llegar en el peor momento (sobre las 10:30) porque estaba todo repleto de ciclistas y paisanos desayunando, así que me ha tocado desayunar en la barra. No he podido disfrutar del desayuno en la terracita.

Después del desayuno, de vuelta a Madrid, que notaba las piernas algo cansadas del entrenamiento de ayer. Llegando por el carril bici a Madrid, cerca de la gasolinera que hay en la M-301 entre Perales del Río y Villaverde me he dado cuenta que hay un camino que empalma con el tramo que hicieron nuevo en el Parque Lineal. Me he metido con la bici y, efectivamente, no habrá ni trescientos metros del carril bici al carril del Parque Lineal, por lo que sería un buen detalle que este tramo lo asfaltaran y de este modo, se podría salir de Madrid y llegar a San Martín de la Vega sin tener que ir por ninguna carretera.

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Detalle de uno de los puentes que atraviesa el Manzanares, muy cerquita del carril bici de San Martín

Decir mucho viento es poco

Me he quejado amargamente del viento, que molesta y de qué manera cuando se va en bici, pero hoy ha sido un día terrible de viento. Tanto que a veces costaba controlar que no te tirara a la cuneta. Hoy sí me puedo quejar con razón.

Salí con una amiga sin una idea predeterminada de ir a ningún sitio en concreto, pero cuando llegamos a San Martín de la Vega, hartos ya de remar contra el viento, decidimos para a desayunar en el San Marcos y volver por donde habíamos venido lo más pronto posible, no sea que al viento le diese por cambiar de dirección y ya rematase la faena.

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Quizás la última foto del año vestidos de ciclista

Puede parecer una exageración cuando digo lo del viento, pero de verdad que era exagerado. La prueba es que para ir tardamos 1h20 y para volver 1h00. Veinte minutos de diferencia por el hecho de tener el aire de culo o de cara.

Haciendo limpieza de camisetas

Cuando pasan unos meses, hay que ir haciendo limpieza de camisetas. Bueno, hablando con propiedad, limpieza de los cajones donde están las camisetas y éstas tratar de regalarlas por ahí o llevarlas a los contenedores de ropa. A lo mejor este problema de exceso de camisetas se arregla ahora que la alcaldesa de Madrid quiere regular el precio de las carreras populares a 80 céntimos por kilómetro.

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Un montón de camisetas sobrantes

Si el organizador de una carrera de 10 km tiene que poner el precio de la inscripción a ocho euros, a lo mejor no le resulta rentable regalar una camiseta… Aunque en la Carrera Popular Barrio del Zofío, carrera en la que colaboro, la inscripción costó 7 € y sí había camiseta.

Y ahora que lo pienso, nosotros organizamos una de 10 km y otra de 5 km en el mismo evento. ¿Deberíamos cobrar 8 € por una y 4 € por otra? Doy fe de que la organización de la misma es exactamente el mismo trabajo.


Ayer pensábamos salir con la bicicleta, pero el día se levantó lluvioso y lo dejamos para hoy. Como no íbamos a hacer muchos kilómetros y encima ya va haciendo fresco por las mañanas salimos a las diez.

El cielo estaba gris y parecía que podíamos mojarnos, pero yendo hacia San Martín cayeron cuatro gotas y luego nada más. Nos libramos de la lluvia.

No teníamos claro lo que íbamos a hacer, pero cuando llegamos a San Martín decidimos seguir hasta Ciempozuelos. Desde allí, vuelta por donde habíamos venido con parada en San Martín, en la cafetería San Marcos.

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Descansando en San Martín

Después de un rico café y una buena barra con aceite y tomate, salimos para Madrid con la fortuna de no llevar el aire de cara como casi siempre.

Acabamos haciendo 66,2 km en un tiempo de 2h52 a una media de unos 23 km/h. No sé si serán estos los últimos kilómetros en bici del año. Probablemente.

El Anillo Verde al completo

No tenía nada claro qué hacer hoy. Tenía claro que no iba a correr porque ya lo hice ayer y no suelo correr dos días seguidos y tampoco podía alejarme mucho de mi casa por temas laborales. Así que dando vueltas a la almendra después de levantarme se me ocurrió la idea de coger la bici de montaña (el hierro más bien) y dar la vuelta al Anillo Verde Ciclista, pero esta vez en sentido opuesto al habitual y con intenciones de hacer la vuelta completa, que hacía tiempo que no la completaba, pero mucho tiempo.

Salí dirección Aluche y me adelantaron enseguida un par de ciclistas con los que estuve jugando al gato y al ratón un montón de kilómetros. Unas veces me adelantaban ellos, otras veces era al revés.

Después de salir de la Casa de Campo y atravesar la A6 se llega a un puente de suelo empedrado denominado Puente de San Fernando, el cual tiene adornado el pretil con estatuas de reyes. Ahí hice la primera parada del día para hacerme una foto que dejase constancia de mi paso.

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En el puente de San Fernando

Después de dejar el puente y atravesar la carretera de El Pardo se llega al barrio de Puerta de Hierro, se atraviesa Herrera Oria y empieza una larga subida hasta Montecarmelo. Después de esa larga subida se llega a un cruce y, por supuesto, tomé el carril que no debía. Este carril llevaba al carril bici de Colmenar, así que al llegar allí me metí por un camino, siguiendo a otro ciclista, y conseguí llegar de nuevo al Anillo Verde cerca de la estación de cercanías de Fuencarral.

Después se pasa por Las Tablas, Parque del Capricho y Canillejas. En Canillejas, junto al Estadio Olímpico, hay un poco de lío, pero siguiendo a unos y otros conseguí llegar al anillo verde. Pasado el barrio de Las Rosas y Moratalaz se llega al barrio de Vallecas donde empieza un tramo descendente hasta llegar al río, en el Parque Lineal. Desde allí ya sólo quedaba subir un poco hacia el hospital Doce de octubre y pasar por el parque de Pradolongo hasta el punto de partida.

En total han sido 65,5 km en un tiempo de 3h06 @ 21,1 km/h. Quizás un pelín más de lo oficial debido a que me perdí en Montecarmelo.

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Recorrido por el Anillo Verde Ciclista

Con Pepe Isbert

Hoy hemos estado en Guadalix de la Sierra, calcando un entrenamiento que hicimos el año pasado. Saliendo desde Madrid enfrente del instituto San Fernando por el carril bici que va paralelo a la M-607.

El carril llega a Colmenar Viejo y luego sigue a Soto del Real, allí donde muchos políticos y gentuza similar tienen una bonita parcela. Desde Soto tiramos hacia Guadalix, pero ya no había carril bici, así que anduvimos por el estrecho arcén que tiene esa carretera.

Hacía un día fresco o incluso alguno diría que frío y, por supuesto, ventoso. Así que cuando llegamos a Guadalix y paramos a desayunar nos tocó meternos dentro del local para no quedarnos helados por el sudor y el frío.

Un cafetito con barrita con aceite y tomate y de nuevo a la flaca para volver al punto de partida, pero antes de salir de Guadalix nos hicimos una foto con Pepe Isbert asomado a la balconada del ayuntamiento de Guadalix.

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Con Pepe Isbert al fondo

A la vuelta, en vez de volver hacia Soto, fuimos directamente hacia Colmenar por la M-625, que tiene unas bonitas subidas. A mi acompañante le costó lo suyo sortear esas cuestas, pero con su tenacidad llegamos a Colmenar donde volvimos de nuevo al carril bici.

Y se nota que en sentido Madrid el terreno es favorable, porque fue cuando íbamos más rápido. Pronto dimos caza a una pareja que iban más o menos a nuestro ritmo y nos pusimos un poco a rebufo. Luego pasó un pelotón y nos quedamos descolgados. De la otra pareja, uno iba bastante cascadete y su compañero le estuvo esperando, así que volvimos a acoplarnos a ellos. Durante el camino nos quedábamos, contactábamos y poco a poco fuimos llegando a nuestro destino que, casualmente, era el mismo que el de los otros dos.

Hicimos unos 76 km en un tiempo de 3h25 a una media de algo más de 22 km/h. No es nada destacable. Está claro que el ciclismo no es lo nuestro… aunque nos guste.

Se han venido los alisios con nosotros

Durante las vacaciones, una de las cosas que menos ha gustado entre la concurrencia ha sido la presencia casi constante del viento. Según parece, en la parte nororiental de la isla de Tenerife la presencia de los vientos alisios es muy normal. Y la verdad, no sé si habrán sido los alisios o no, pero sí es cierto que no ha faltado viento durante las dos semanas.

Pensábamos que habíamos dejado atrás los vientos pero resulta que hoy se nos ha ocurrido salir en bici y hacía un viento realmente fuerte y, por lo tanto, desagradable y peligroso para ir en bici. Muy mala suerte la nuestra.

El caso es que teníamos ganas de montar un poco en bici después de tantos días y aunque hemos salido tarde, no nos ha parecido mal del todo porque se trataba de montar un poco, sin más pretensiones; sin embargo, durante el trayecto hacia San Martín nos íbamos arrepintiendo de la idea. Menos mal que esta localidad no está lejos, a unos 26 km de casa, y la parada en el San Marcos a desayunar es obligatoria. Así se mitiga un poco la sensación desagradable de ir remando y remando contra el viento, que hacía que cualquier repecho pareciese el Tourmalet.

Después del café y la tostada de rigor, de vuelta a Madrid esperando que el viento fuese favorable. Craso error, ya lo dice uno de los corolarios de la conocida ley de Murphy: cuando rodemos con el viento en contra, pensaremos que a la vuelta irá a nuestro favor; sin embargo, el viento cambiará de dirección para azotarnos la cara hasta llegar a casa.

Lo peor es que aunque no fueron muchos kilómetros, debido al viento el esfuerzo fue intenso y acabé con molestias en la rodilla izquierda. Aquella que me casqué años atrás con los primeros pedales automáticos que tuve… allá a finales de los ochenta.

Realizamos 52 km en un tiempo de 2h24 a una media espantosamente lenta de 21,7 km/h. Demasiado para el viento que hacía.

Últimos entrenamientos de julio

La verdad es que el mes de julio ha sido un buen mes respecto al número de entrenamientos. La calidad de ellos, ya dudo un poco, porque con tanto calor no hacía otra cosa más allá de trotar; sin embargo, en la última semana he tenido un problemilla que ya relataré en la próxima entrada y que me ha impedido completar el mes como hubiese deseado.

Voy a resumir en esta entrada los entrenos de la segunda quincena del mes de julio, ya que no hay mucho que destacar como para hacer una entrada por día.

Después del día récord de calor, el jueves 16, vino un día bastante caluroso también, pero se notaba que había bajado algo, aunque fuese sólo un par de grados. El entrenamiento no fue tan asfixiante, pero aún así fuimos muy tranquilos. Hice 9,4 km en un tiempo de 52:45 a un ritmo más que tranquilo: 5:36 min/km.

El sábado 18 de julio quedamos a las 8:15 de la mañana para salir con la fresca. En un principio íbamos a salir cuatro, pero uno de ellos se nos durmió, así que sólo fuimos tres. Y aunque la temperatura era muy placentera, sobre todo en la ida que era más pronto y había bastante sombra, también fuimos muy tranquilos. Decidimos ir por el Parque Lineal que es un paseo muy agradable aunque luego los últimos kilómetros toque subir. Como anécdota, ya terminando, subiendo cerca del 12 de octubre se tiró un perro a por mí, que me dio un susto bárbaro, pero según su dueña era porque se sintió acosado. Un poco después pasaron mis dos compañeros y también se tiró a por ellos, imagino que también sintiéndose acosado. El pan nuestro de cada día en la eterna pelea corredores y perros. Hicimos 12 km en 1:03:20 @ 5:16 min/km en una jornada de lo más agradable, hay que tener en cuenta que pasamos de estar rondando los cuarenta grados los días entre semana y a los pocos más de viente hoy.

El domingo 19 tocó bicicleta. Lo primero fue subirme a la báscula, que marcaba 70,3 kg un poco más que la semana pasada. No está mal del todo, me mantengo. Tocaba estirar un poco más la tirada y decidimos ir a Villaconejos, haciendo el mismo recorrido que en tiempos pretéritos gustaba mucho hacer a los componentes del Club Ciclista Cortés. La idea era salir lo más pronto posible, pero al final se nos fue la hora hasta las 8:45, que no está mal del todo, pero que prometía calor a la vuelta. Llegamos a Villaconejos bastante bien, aunque desde Titualcia hasta el pueblo de los melones es casi todo para a arriba. Paramos en un bar a recuperar fuerzas y vuelta otra vez por donde vinimos. Hasta Titulcia bastante bien porque es muy favorable. Luego tampoco fuimos mal por Ciempozuelos y San Martín; sin embargo, nos costó un poco la subida a La Marañosa ya que hacía bastante calor y llevábamos muchos kilómetros (para nuestro nivel) en el cuerpo. Además, al ser más tarde había menos ciclistas circulando y no conseguimos enganchar ningún grupo que nos hiciera más cómodo el rodaje. En total hicimos 93,5 km en un tiempo de 3h56, consiguiendo mi compañera de rodaje su récord de kilometraje en una jornada.

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Un alto en Villaconejos, el pueblo de los melones

El martes 21 de julio parecía casi invierno 😉 La temperatura andaba un poco por encima de los treinta y seis grados y resulta curioso como se notaba esos tres grados de diferencia. Se corría medio bien. De hecho, después de una primera vuelta muy tranquila, fuimos luego jugando a tratar de llevar un ritmo y la verdad es que no nos salió muy bien. El primero era ir a 5:00 y Joaquín marcó 4:45. El segundo me puse yo a marcarlo y salió a 4:55, algo más razonable. El tercero también lo marqué yo y lo clavé, se trataba de ir a 4:50 y no me fui ni un segundo arriba ni un segundo abajo. El cuarto y último de esta segunda vuelta era para tratar de ir a 4:45 y lo marcaba Joaquín, pero aquí lo dio todo y lo hicimos en 4:30. Un poco desastre, pero lo pasas entretenido jugando un poco. Totalicé 9,4 km en 49:24 @ 5:13 min/km. De nuevo, como en estos otros días anteriores, nos acompañó una amiga habitual del Pradolongo con la bicicleta y con el bidón bien cargado de agua, que nos hizo más llevadera la jornada.

El jueves 23 de julio se animó mi tocayo a venir con nosotros. Sus obligaciones de padre no le permiten casi nunca bajar a esta hora, sale más tarde, pero este día fue una excepción. Y en que momento… El tío está fuerte como el vinagre y después de haber estado tirándonos el moco de que entrenábamos como jabatos, vino a demostrar que el que entrena de verdad es él y nosotros hacemos poco más que arrastrarnos. Después de un par de kilómetros más o menos tranquilos, empezó a apretar el acelerador y tratamos de que no se fuera. Yo había comido muy tarde y notaba todavía la comida en la boca, por lo que esta aceleración no fue muy de muy agrado, pero el tío siguió a un ritmo más o menos constante hasta acabar la primera vuelta y luego a aceleró más. Sobre el kilómetro 5,5 decidí que ya estaba bien de hacer el canelo porque las molestias en la tripa eran horrorosas y sentía como si en la próxima zancada se me fuese a salir la comida por la boca, así que bajé el ritmo y al tran, tran cumplimenté 9,3 km en un tiempo de 47:26 @ 5:07 min/km.

El sábado 25 de julio quedamos a las 8:15 en el punto de encuentro. Nos juntamos tres: mi tocayo que me había reventado el jueves, una chica que estaba preparando una maratón para el mes de agosto y que ya andaba con el tapering y un servidor que iba casi de convidado de piedra. Decía la chica que el rodaje de hoy era de 1h50 a un ritmo cómodo. Ese ritmo cómodo era para ella cercano a 4:30. Así que se me pusieron los pelos como escarpias cuando oí eso. Dijo que bueno, como era un circuito de ida y vuelta, trataría de ir a ese ritmo cómodo a la vuelta. Hicimos un par de kilómetros tranquilos, pero pronto empezamos a ir a un ritmo cercano a cinco, siempre por debajo. Llegamos hasta el final del Parque Lineal y a la vuelta, como siempre, aire en contra y buscando el ritmo cómodo poco a poco. De 4:50 pasamos a 4:35, 4:38, 4:29, 4:34 y ahí ya se me fueron y ya aproveché para aflojar el ritmo, que me llevaban con la soga al cuello. Ese ritmo tan cómodo era mucho para mí. Pararon en la fuente y me esperaron. Desde allí hasta el parque de Pradolongo ya fuimos más tranquilos y fue en ese tramo donde el GPS se quedó sin batería, por lo que sólo me marcó 12,7 km de los 15 km que hicimos. Esos 12,7 km registrados por el GPS los hicimos en 1:02:09 @ 4:57 min/km. No estuvo mal el entreno, no. La báscula marcó 70,2 kg, bajando lo que subí la semana anterior.

El domingo 26 de julio fue día de bicicleta. Y esta vez me tocaba pedalear en solitario, ya que mi acompañante habitual estaba fuera de Madrid. Como suele ocurrir, salí a las 8:45, más tarde de lo que hubiese deseado, por lo que me iba a tocar pasar calor. El recorrido era de Madrid hasta un pequeño pueblo de Toledo llamado Gerindote. Y la jugada era hacer una parada más o menos a medio recorrido para desayunar algo y recuperar fuerzas. Salí por el recorrido habitual hasta San Martín, Ciempozuelos y desde allí tirar hacia Aranjuez para desviarme a Seseña, Esquivias, Borox, Añover de Tajo y Villaseca de la Sagra donde tenía previsto parar; sin embargo, no conseguí encontrar el desvío a Seseña, ya que no estaba indicado, así que me fui por un camino mal asfaltado paralelo a la A4 que ya conocía de otras veces. Ese camino mal asfaltado se convierte en tierra poco antes de pasar por debajo de la A4 y sigue siendo de tierra bastantes metros más. Cerca ya del peaje de la R4 es de nuevo asfalto y ya se coge la carretera que tenía previsto en el plan inicial. Me ahorré unos cuantos kilómetros por no haber encontrado el desvía a Seseña.

Poco antes de Añover apareció delante de mí, saliendo de un camino como por ensalmo, un buen grupo de ciclistas de MTB de Pinto y me acoplé un rato a rueda para descansar un poco. Iba a buen ritmo y bien protegido. Por desgracia, enseguida se bifurcaron nuestros caminos. Poco después adelanté a un ciclista en MTB que iba en solitario, yo seguí a mi bola y pasados los kilómetros, cuando me acercaba a la central térmica de Villaseca vi que me seguía de cerca y luego me adelantó, así que cogí su rueda y fui unos kilómetros aprovechando su rebufo. El tío iba deprisa, pero tampoco me importaba gastar algo de fuerzas, ya que en Villaseca tenía pensado desayunar. Curiosamente, en este pueblo paramos los dos. Yo a desayunar e imagino que él habría llegado a su destino. Estuve dando una vuelta por el pueblo y no fui capaz de encontrar un bar con terraza donde parar, así que seguí hasta Mocejón, el siguiente pueblo. Allí sí encontré una bonita terraza en la plaza del ayuntamiento. Me tomé un café con leche y tostada con aceite y tomate y monté de nuevo en la flaca. En ese momento llevaba 73,5 km en un tiempo de 2h35. Había hecho más kilómetros de los que pensaba antes de parar.

No es buena idea para en Mocejón, porque el siguiente pueblo que es Olías del Rey está en un alto y la carretera es todo el rato picando para arriba. Eso, después de llenarse bien el estómago es un mal asunto, pero aflojando un poco el ritmo se lleva sin demasiados agobios. Desde Olías a Bargas, pasando por encima de la A42 y desde Bargas al río Guadarrama por una carretera llena de subidas y bajadas que fui sorteando con bastante frescura. Al llegar al río, lo lógico es que hubiese seguido hacia Rielves por lo que era la antigua carretera de Toledo a Ávila, pero se me ocurrió la genial idea de hacer un pequeño rodeo, tirando hacia Villamiel de Toledo. Craso error, desde el río hasta Huecas, que está más allá de Villamiel es todo para arriba, no es un puerto, se trata de un falso llano que pica y pica hacia arriba, sin apenas descanso. Un horror. ¿Y todo por qué? Porque en mi época de juvenil había corrido una carrera ciclista que partiendo de Torrijos salía hacia Huecas, Villamiel, Rielves y vuelta al origen. Y hoy, aunque lo hiciese al revés, me gustaba recordar esas carreteras y esos tiempos. Al llegar a Huecas se termina la subida y al tirar hacia Torrijos se va por una carretera bastante poco transitada donde hay algún repecho, pero es más bien favorable. Ya quedaba poco para llegar a mi destino, lo cual hice tras recorrer 42,2 km (una maratón) en un tiempo de 1h38. Totalizando de esta manera 116,8 km en un tiempo de 4h16 a una velocidad de 27,3 km/h.

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Una buena kilometrada en solitario

Cuando llegué al destino, lo único que iba pensando era en ir a la piscina y darme un buen baño para quitarme el sudor y de paso, recuperar algo de sales con una buena cerveza. Y me sentaron de vicio ambas… sobre todo la cerveza.

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Primero un remojón por fuera

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Y luego por dentro

Y con este viaje en bicicleta se acabaron los entrenamientos de julio una semana antes de que acabara el mes por un motivo inesperado.

Queda descartado

Todavía andaba dando vueltas a la cabeza a lo de participar en el Gran Premio Canal de Castilla, pero me temo que este año no va a poder ser. La prueba es el sábado que viene y este año he entrenado poquísimo y me resultaría prácticamente imposible terminar, ya que son muchos kilómetros y no es que se vaya de paseo precisamente. Así que, lo dejaremos para el año que viene. Descarto por completo participar. Una verdadera pena porque el año pasado me encantó.

Después de madrugar ayer, hoy también tocó, pero no importa porque es la mejor hora para salir y siempre puede uno echarse una siesta para recuperar el sueño perdido. Aunque leí el otro día que eso no sirve, que hay que dormir cuando hay que dormir.

Hoy, por razones técnicas, no podía alejarme mucho de Madrid, así que la idea era ir como mucho hasta Ciempozuelos. Así que fue eso lo que hicimos. De casa a Villaverde y carril bici hasta San Martín. Desde allí un poquito más hasta la glorieta de entrada a Ciempozuelos y vuelta por el mismo camino hasta casa.

Como siempre, parada en el San Marcos para recuperar energías. Allí nos encontramos con unas amigas que estaban desayunando y estuvimos un rato charlando. Tiempo dio para hacernos una bonita foto en la terraza de esta cafetería.

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En la cafetería San Marcos, acompañado de muy buena gente

Acabo de darme cuenta al mirar la foto con detenimiento de que debo ser de los pocos ciclistas que llevan las patas llenas de pelos. Hay que distinguirse de alguna forma de los demás 😉

Después de desayunar, como llevaba algo de prisa, salimos pitando, sin esperar a nuestras compañeras de desayuno y fuimos a buen paso. Subimos la Marañosa bastante deprisa y al llegar a la cima nos encontramos con un grupo de ciclistas veteranos que iban a un ritmo similar al nuestro, así que echando morro al asunto, nos pusimos a su rueda y anduvimos bastantes kilómetros con ellos. Hasta que llegamos a un glorieta donde ellos tiraron hacia Getafe (creo que ellos eran de Leganés) y nosotros hacia Madrid.

En total hicimos 66 km en un tiempo de 2:44:40 y con muy buenas sensaciones por parte de mi compañera a la que vi realmente fuerte.

Lo peor fue la noticia que recibí cuando llegué a casa. Javier Krahe había fallecido. Un grande entre los grandes. Descanse en paz.