Para rematar la faena

Lo que he hecho esta semana no lo había hecho nunca y no sé si lo volveré a repetir. Y es que excepto el martes, todos los demás días he salido a correr. Bien entrenando, bien participando en una carrera (la S. S. Vicalvareña). Lo cierto es que como no me he machacado demasiado, no me he encontrado cansado al día siguiente como para no apetecerme correr. Ahora ya se han acabado las vacaciones y volveré a la rutina habitual.

Hoy he ido con Emilio a la Casa de Campo con la idea de forzar un poquitín la máquina. Y vaya si me he tenido que esforzar, aunque en ningún momento he querido ponerme a tope, que sólo era un entrenamiento… En total han sido unos 17,7 km en 1:26:43 a una media de 4:54/km. Buen entrenamiento de distancia larga. Por cierto que mi cronómetro ha marcado 18,55 km, 800 metros más. Necesita ser calibrado ya.

En el Cagigal he sacado el carnet anual para poder utilizar el vestuario. Cuesta la nada despreciable cantidad de 50,05 €. Espero amortizar la inversión.

XXIX Trofeo Akiles

En una mañana fresquita, pero no tanto como decían las previsiones, un trío de pradolongueros nos hemos dado cita para correr la que es, sin lugar a dudas, la carrera más bonita de cuantas se celebran en Madrid. Se trata del Trofeo Akiles, una carrera ya veterana organizada por el Club Akiles de Atletismo. Y para mí, un año más puedo decir que la organización ha rayado casi en la perfección. Tan «casi» que no se me ocurre ninguna pega que poner… ¿quizás un poco escasa la bolsa del corredor? Pero eso son menudencias.

A eso de las ocho y media llegábamos al aparcamiento habilitado por la organización para este evento, cuando todavía no había prácticamente coches. Carlos, un buen amigo de Emilio II, nos acercó generosamente en su coche ¡¡¡muchas gracias Carlos!!! Y en su coche compartimos asiento con su perro, que también iba a meterse entre pecho y espalda los 10 km, aunque Carlos ya nos advertía que eso era pan comido para su can.

Con tanto tiempo por delante, pudimos recoger chip y dorsal sin ningún problema. Estando en esos menesteres, me encontré con Rafael, hermando de Juan Ignacio y estuvimos un buen rato charlando. Viendo el frío que hacía entramos en uno de los quioscos que hay junto al lago y estuvimos tomando café para no quedarnos fríos. La verdad es que me sentó de vicio ese cafetito con leche calentito.

Sobre las nueve y cuarto fuimos al guardarropa a dejar la bolsa con la ropa y nos pusimos a calentar, no sin antes hacer una parada a saludar a los compañeros de MaraTI+D. Allí ya cada uno se fue por su lado, pero Quique me acompañó y después de saludar seguimos calentando, haciendo unos progresivos para poder salir ya con las pulsaciones altas y los músculos calientes. Al poco coincidimos con Ninfa y Emilio que venían de hacer una cabaña. Ambos con los cuadriceps algo agujeteados después del cross de Patones que corrieron allí. Sin embargo a Emilio II y Carlos no parecía importarles haber corrido ayer y allí estaban dispuestos a tomar la salida.

Me coloqué junto a Emilio y Quique cerca de la línea de salida y cuando sonó el pistoletazo salimos a toda pastilla, como si nos fuese la vida en ello. Quique se marchó en el primer metro y Emilio se descolgó al paso del primer kilómetro. En ese momento me pasó Ambrosio como un ciclón. Este hombre es incombustible.

En esos primeros kilómetros no me encontraba demasiado bien, ya que todavía tenía el desayuno en la boca ¡¡¡y eso que había desayunado dos horas y media antes!!! Aunque iba a buen ritmo, tenía la sensación de que lo iba a pasar mal, pero seguía apretando.

Después de pasar el tramo más complicado y empezar a bajar del cerro de Garabitas, pasamos por el kilómetro cinco. En ese momento miré el reloj y me pareció que marcaba 21:47, por lo que me parecía complicado llegar a los 42:00. Eso me azuzó y apreté un poco más en la bajada, aunque controlando un poco para no desbocarme en ese terreno tan favorable.

Después de bajar Garabitas vi a Esteban animando al personal y me indicó que Quique estaba cerca. Sabía que muy cierto no podía ser, pero me motivó aún más. Seguía buscando en la lejanía la espalda de Quique, pero al que vi fue a Ambrosio, que se convirtió en mi objetivo. Veía que poco a poco le iba comiendo el terreno. Y sobre el kilómetro 8,5 le pude pasar. En esos momentos iba eufórico porque algunos kilómetros (los más favorables) los había pasado a menos de cuatro minutos.

Pasando el nueve, el terreno es ligeramente descendente y ahí eché toda la carne en el asador. Por megafonía iba oyendo que el tiempo era inferior a cuarenta minutos y eso me iba motivando cada vez más. De hecho, me parecía imposible que así fuese porque eso indicaba que no sólo podía bajar de 42 minutos, sino ¡¡¡que podía hacer mi mejor marca personal!!! Y así fue, entré en meta más feliz que unas castañuelas con un tiempo bruto de 40:53 y neto de 40:48, bajando mi mejor tiempo, que databa de 1999, en 51 segundos. Brutal, el subidón que me dio cuando entré en meta fue brutal. Ni en mis mejores sueños se me hubiera ocurrido que en Akiles fuera a hacer mi MMP. Y no sólo eso, sino que en Aranjuez pienso rebajar ese tiempo, optimista que es uno…

Lo mejor es que salimos todos contentos. Quique porque había conseguido bajar de 40 cuando había pasado una noche fatal debido a las toses. Emilio porque había hecho 43 después de correr en Patones y yo porque uno no consigue MMP todos los días. Un día redondo.

Por cierto, la clasificación se puede ver aquí.

Esta vez sí conservé en la memoria del cronómetro los tiempos por kilómetro, no como en Rivas que lo borré sin querer. Estos son los tiempos:

1 4:10
2 4:12
3 4:31
4 4:19
5 3:56
Primera mitad 21:10
6 3:48
7 3:56
8 4:05
9 4:04
10 3:42
Segunda mitad 19:38
Tiempo total 40:48

Casi una media

Al igual que la semana pasada, he ido con Emilio a la Casa de Campo. Pero no hemos ido solos, también Ninfa y Emilio II nos han acompañado. Además Miguel y Andrés ya estaban allí cuando hemos llegado. Pero es que al final nos encontramos con Esteban. Es decir, que casi ha habido pleno pradolonguero en la CdC.

Hoy estaba previsto hacer unos 21 km, haciendo una tapia y una cuatro mil. Sin embargo, parece ser que la tapia no llega a ser 17 km, por lo que no hemos llegado a hacer el recorrido de la media entera.

Como siempre que voy con el Gran Grupo Garabitas, hemos ido a toda pastilla desde casi el principio. La subida a Garabitas se me ha hecho dura como el pasado domingo y luego he ido con el gancho casi todo el recorrido cuando no por unas cosas, por otras.

Lo peor de todo es que Emilio II ha tenido que dejar de correr por molestias en los abductores. Esperemos que se mejore lo antes posible.

¡¡¡Ánimo Emilio!!!

Hemos tardado 1:40:46 en realizar los 20,5 km, a menos de cinco el kilómetro, lo que sumado a la dureza intrínseca de la Casa de Campo, demuestra que ha sido un entrenamiento duro. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas noto las piernas cansadas.

Por cierto, ¡ya tengo el dorsal para la carrera del próximo domingo en Rivas! Bonito número. Lo que ocurre es que es un número tan bajito que parezco de los buenos…

Dorsal para la carrera de Rivas

Con el Gran Grupo Garabitas

Me he quedado sorprendido cuando a eso de las 8:30 de la mañana, al otro lado de la pasarela peatonal del polideportivo Cagigal, un pelotón de cerca de cuarenta personas nos poníamos en marcha con idea de patearnos la Casa de Campo cada cual a su ritmo y con el recorrido que más le conveniese. Y es que el Gran Grupo Garabitas, más conocido como GGG hace honor a su nombre por tres motivos: es un gran conjunto de personas, se trata de un grupo ya que se respira compañerismo y buen rollo por los cuatro costados y el cerro de Garabitas es su primer referente.

El entreno empieza invariablemente con la subido al cerro de Garabitas. Unos lo hacen por un camino, otros por otro. Unos se pican en la subida, otros se lo toman con más calma, pero en unos 28 minutos, ya estábamos arriba una buena parte del paquete. Allí, en el cerro hay una fuente donde reponer fuerzas, hacer unos estiramientos y planear la siguiente estrategias. Unos harán la tapia, otros un cuatro mil y la tapia, otros una cabaña. Las posibilidades son infinitas en la Casa de Campo. En el grupo que yo iba, han decidido hacer una tapia.

Así que dicho y hecho, otra vez en marcha para hacer el recorrido de la tapia, que transcurre en gran parte por el perímetro de la Casa de Campo hasta la zona del puente de la culebra donde abandona el perímetro y se mete hacia el zoo y el parque de atracciones donde está la segunda fuente de la jornada y, por lo tanto, la segunda parada. Esa zona desde el puente de la culebra hasta el parque de atracciones se hace a toda pastilla ya que la zona es favorable, con largas rectas y la parada en la siguiente fuente invita a un fuerte ritmo porque allí se hace un descansillo y se descansa unos minutos.

Desde allí, existen diversas posibilidades para llegar al Cagigal. O bien por las pistas de tenis dejando a la derecha la zona del lago, o bien por el lago, dejando entonces éste a la izquierda. Esta segunda variante aporta algún kilómetro más al recorrido y es conveniente para hacer algo más de fondo. Nosotros hemos elegido esa alternativa aunque el grupeto se ha escindido porque algunos optaron por ir por las pistas.

Al final, unos 16 km en 1h21, a un ritmo endiablado en algunas partes del recorrido. Lo mejor, la ducha posterior en el Cagigal y el café y la tostada con tomate y aceite en la cafeteria del polideportivo. Además, Emilio se ha tirado el rollo y nos ha invitado ya que mañana es su sexagésimo cuarto cumpleaños. Una jornada muy interesante.

Emilio II y Quique corrían en Alcalá una prueba de 10 km que yo en un principio tenía pensado correr, pero que al final he cambiado por la Casa de Campo. Espero que ambos hayan alcanzado sus metas. Ya nos contarán.

Y para terminar, decir a los pradolongueros que el martes vamos a llevar una tarta y una botella de champán para celebrar el cumpleaños de Emilio ¡¡¡no faltéis ninguno!!!

Me han dejado tirado

Hoy he ido a la Casa de Campo con mis compañeros de equipo. Pero enseguida me han dejado, ya que tenían obligaciones familiares, por lo que en el zoo me he quedado solo. He seguido hasta el puente de la culebra donde me he cruzado con Emilio y con Ninfa, por lo que he optado por irme con ellos en vez de seguir solo. Así que he continuado hasta el Cagigal a buen ritmo y allí se han quedado.

Después he cogido el camino que va paralelo a la vía y allí me he machacado un poco con los repechos que hay, subiendo y bajando hasta el puente que cruza la vía y desde allí vuelta por el otro lado de la vía hasta el puente de los franceses y para terminar en Lago. En total ha sido 1h30 de carrera y calculo, a ojo, unos 16 km.

X Carrera cívico-militar contra la droga

Sin comerlo ni beberlo, me he dado de bruces con esta carrera en la que no tenía pensado participar. Y es que hoy la idea era ir a Morata, pero según se iba acercando el día me iba dando más pereza participar. Por lo que deseché la idea de ir a Morata y me levanté con la intención de acercarme a la Casa de Campo y entrenar con los compañeros de la empresa a los que hacía tiempo que no los veía.

Cuando crucé la Avda. de Portugal noté que algo raro pasaba porque había muchísima gente por los alrededores y recordé que se celebraba la carrera contra la droga. Nunca había participado, pero un compañero siempre me había hablado bien de esta carrera. Y a él fue el primero que encontré dorsal en pecho (¿por qué se llamará dorsal si se pone en el pecho?) y el que nos animó a mí y a los otros a que nos apuntáramos a la carrera.

La carrera está organizada por los militares y apuntarse es sencillo, sólo tienes que dar tu año de nacimiento y decir si eres civil o militar y te entregan un dorsal y dos imperdibles a cambio de 0 €. Así tenían que ser todas.

Viendo que la carrera era a las diez y que era poco más de las nueve, decidimos calentar hasta la hora del comienzo para hacer un entrenamiento largo en vez de una carrera corta, por lo que salimos dirección hacia el Zoo y desde allí hasta el puente de la culebra, donde bebimos en la fuente y nos dimos la vuelta hacia la salida. Este calentamiento supuso hacer unos ocho kilómetros antes de la carrera.

Parece que calculamos bien, porque fue llegar a la línea de salida y no pasó ni un minuto cuando dieron la voz de «empieza la carrera» en vez de disparar la pistola, como se hace habitualmente. Está claro que los militares deben ahorrar munición por si las moscas. Había bastante gente en la salida, por lo que el primer kilómetro, rodeando el lago, lo hicimos muy lento, aunque poco a poco el pelotón se fue alargando y ya se pudo correr con más facilidad.

Entre el kilómetro tres y cuatro nos estuvo adelantando un niño de nueve años y al final nos picamos con él y eso hizo que aumentáramos el ritmo. Al final conseguimos dejarle atrás…

En una carrera tan corta, enseguida se llega a meta y más en ésta que aunque estaba anunciada como de 6,5 km, la distancia fue de 5,7 km, según un compañero que llevaba GPS. Así pues en 28 minutos y 22 segundos estábamos en meta, según rezaba el reloj situado en la base del arco de meta. Después nos agasajaron con una coca cola y una bolsa gris donde podía encontrarse una camiseta, un artilugio para llevar colgado un bote de bebida, un bollito, una botella de agua y ¡¡¡una ración individual de combate!!!

La ración individual de combate consiste en una caja que contiene: un sobre de sopa, una lata de carne en salsa, una lata de caballa, una lata de pera en almíbar y una lata de paté. Además de la comida, también aparecen dos pastillas depuradoras de agua, dos pastillas hidratantes, tres pastillas de combustible sólido, una pastilla de vitamina C y, lo que más me ha llamado la atención, dos pastillas defatigantes. Me pueden venir de perillas en la maratón.

De nuevo con la bici

Como estoy algo renqueante todavía del gemelo, he pensado que quizás con la bici me molestaría menos. Así que me he levantado pronto y he salido por el carril bici hacia la Casa de Campo, como cuando hacía los entrenamientos para los 100.

Carril bici
Carril bici a la altura de Carabanchel Alto

Cuando he llegado a la altura del puente de la culebra, he tirado por el carril en sentido antihorario hacia el lago, para subir luego hacia el cerro de Garabitas, donde he visto un montón de conejos.

Desde Garabitas hacia el teleférico, bajar a lago y subir hacia Prado del Rey, donde me he encontrado un carril bici nuevo que me ha acabado llevando hasta la Ciudad de la Imagen. He dado la vuelta hacia Madrid, entrando por Aluche hasta el Parque de las Cruces donde he cogido el carril bici de nuevo hasta casa.

He estado algo más de dos horas en bici y el gemelo no me molestaba excepto cuando botaba por el mal estado del firme.

Más allá de la maratón

Nunca había corrido más de 42 km y 195 m. Sin embargo, hoy me he aventurado más allá. Han sido 50 km y no he acabado tan mal como presuponía en un principio. Me he levantado a las 7:00 y entre los preparativos y demás, he salido de casa a las 7:50, dirección hacia el río, como ayer. Al volver del río, ya he hecho andando la subida hacia el 12 de Octubre, no era cuestión de quemar las naves casi antes de empezar.

En Pradolongo había dejado escondida una botella de Isostar con la que he recargado el bidón que llevaba en la riñonera y que ayer compré en el Decathlon. No me convence del todo la riñonera, pero es lo único que encontré en esa tienda. Una vez completado el circuito del río (16,4 km) he subido por el carril bici hasta el puente de la culebra (25 km), ya en la Casa de Campo, donde he parado en la fuente para hacer mi primer Isostar a base de agua y una pastilla. Una pastilla con 250 ml de agua deja el mejunje demasiado dulce, hay que echar un poco más de agua. Aprovechando las cuestas que hay después del puente de la culebra me he tomado mi primer gel, también de Isostar con sabor a plátano.

Al pasar la explanada que da a Prado del Rey me he juntado con un señor ya mayor que me ha acompañado hasta la fuente, hemos ido hablando un ratillo y se me ha hecho ameno ese trayecto. En la fuente nos hemos despedido ya que él ha tirado hacia el cerro de Garabitas y yo he continuado mi viaje por la Tapia.

He seguido mejor de lo que pensaba hasta que he llegado a la siguiente fuente, la de Casa Vacas (32 km), donde me he refrescado, bebido y he vuelto a hacer otro poco de Isostar, añadiendo una pastilla a 300 ml de agua, ahora sabe mejor. Desde allí me he puesto andar hasta la fuente de la Glorieta de Puerta Morera (35 km), donde he bebido en la fuente y me he comido el segundo gel mientras seguía andando hasta la fuente de Lago. Desde allí, animado por las triatletas que pasaban en bicicleta, he ido corriendo hasta el Zoo (39 km) donde había muchísima gente y muchos coches. Tanto gentío ha provocado que fuera por la acera, con la mala suerte que he tropezado con un bordillo y me he hecho daño en la rodilla izquierda por lo que he tenido que ir andando, ya que me dolía al correr.

Excepto la bajada que hay desde el puente del carril bici sobre la N-V hasta el Parque de Aluche, he seguido andando hasta el Parque de las Cruces donde empieza la cuesta abajo. Ahí he empezado a correr y ya no he parado hasta mi casa, aunque iba corriendo sin forzar mucho porque en cuanto aceleraba, me dolía la rodilla. La verdad es que me encontraba muy bien de piernas para llevar ya tantos kilómetros encima.

He tardado 5h55′ en recorrer los 50 km y estoy bastante contento porque pensaba que iba a tardar entre seis y siete horas. Calculo que habré andado unos 11 ó 12 km, lo que significa que 38 ó 39 km los he hecho al trote. No está nada mal. Esta semana he hecho 119 km entre andar y correr, una auténtica barbaridad para lo que acostumbro. Espero no pagar tantos kilómetros, aunque ya esta semana empiezo a disminuir kilometraje, sobre todo el fin de semana que nos vamos a Sanabria y ya veremos si puedo hacer por allí kilómetros o no.

Sudada brutal

Ayer llovió y por la noche, también. Había mucha humedad y he sudado una barbaridad, hacía tiempo que no sudaba tanto y eso que yo sudo bastante normalmente.

He salido a las 7:50 y he hecho 33 km, bajando un poco el kilometraje de la semana pasada, subiendo por el carril bici hasta la Casa de Campo (8,5 km), haciendo la Tapia (16 km) y volviendo por el carril bici (8,5 km). En total 3h47 de correr+andar, aunque andar no he andado mucho, sólo en las cuestas más empinadas de la Casa de Campo, desde el puente de la culebra hasta la pasarela ciclista sobre la N-V y el parque de Aluche. Calculo que unos 6 ó 7 km andando y 26 ó 27 corriendo, bueno más bien trotando.

No me puedo quejar, he ido bastante bien de cansancio y no he sufrido ampollas, aunque sí rozaduras en los pezones por lo mojada que llevaba la camiseta. Lo único que no me ha gustado es una molestia en la parte externa del gemelo de la pierna izquierda que ya empecé a sentir la semana pasada.

Esto va a ser una tarea difícil

Hoy he salido con idea de hacer 40 km. Al final no han sido 40, sino 39, que tampoco está mal. Y tengo que reconocer que lo he pasado mal. Al contrario que la semana pasada que hice 30 y me pareció poca cosa, hoy he hecho 39 y me ha parecido un mundo. No me imagino como puede ser hacer 61 km más.

He comido una naranja antes de salir y me he llevado en la riñonera un sandwich de nocilla dividido en cuatro trozos que me he ido comiendo según pasaban los kilómetros. He subido por el carril bici hasta la Casa de Campo, a la altura del puente de la culebra (8,5 km). He pensado que quizás podría encontrarme con mis compañeros de MaraTI+D que entrenan allí cada domingo, pero no los he visto. He dado la vuelta a la tapia, andando en las cuestas arriba y trotando el resto, hasta que he llegado al puente de los franceses (km 18,2) y he empezado a andar un poco. Allí me he encontrado con Andrés que acababa de terminar su entrenamiento. Luego he empezado a alternar trotar y andar, aunque la verdad más trotando que andando. Me he llevado una botella de agua que iba recargando en cada fuente que encontraba, porque en la Casa de Campo sí hay agua, pero en otros sitios es difícil encontrar.

Cuando he vuelto al punto de partida (junto al tanatorio) llevaba recorridos 33 km, por lo que he dado dos vueltas a Parque Sur para totalizar 39 km y luego hasta casa. Pues eso, unos 39 km, que no está mal, pero que me han dejado bastante tocado. Y es que he estado 4h50 haciendo uso de las piernas. Mucha tela, mucha. Además, para empeorar más la cosa, he terminado con horribles rozaduras cerca de los OO debidas al calzoncillo (llevaba la malla negra). Habrá que pensar en otro indumentaria para el día D.

En un principio pensaba que hacer los 100 km iba a ser una cosa sencilla, pero ya no lo veo tan claro. Espero recuperarme del catarro para poder realizar el siguiente fin de semana entrenamientos largos y que no me dejen la impresión que me ha dejado este fin de semana. Porque si es así, me parece que no participo.