Más lento que el caballo del malo

Noto cuando corro que voy lento, como dice el titular, más lento incluso que el caballo del malo y es normal ya que he estado casi cuatro meses sin correr y llevo entrenando poco más de un mes. Demasiado es que voy un poco más rápido que al trote.

El caso es que en el parque no soy el único lento. La construcción de las fuentes que hace unos años quitaron va incluso más lenta que yo. El anterior gobierno municipal decidió reponer algunas de las fuentes que habían eliminado años atrás y ya en el mes de junio pusieron unas vallas que delimitaban la zona donde iban a poner esas nuevas fuentes. En su época había una fuente muy cerca del punto de encuentro que era agua bendita para los corredores, pero fue una de las eliminadas. Ahora han decidido poner una enfrente de donde estaba la otra y llevan todo el verano para poner esa fuente y al menos otras dos más, pero debe ser una obra de alta complejidad porque están tardando demasiado tiempo.

Vallas protegiendo la zona donde está construyendo la fuente

Cuando salí el martes 24 notaba las piernas cansadas de la carrera del domingo o quizás de los 47 kilómetros de la semana, así que me tomé la carrera con calma, de hecho cuando salimos me quedé unos segundos hablando con Antonio y me costó coger a los compañeros. Cuando iba detrás de ellos me adelantó un señor al que le dije que se apuntara con nosotros. El tío no solo se apuntó, sino que apretó de lo lindo. Dijo que competía en pista y le pregunté por Enrique Aragonés y me dijo que claro que le conocía, que estaban juntos en el mismo club. Pasado el tercer kilómetro se aceleraron gracias al ritmo del nuevo y aunque no traté de seguirlos sí me aceleré casi sin querer y cuando me di cuenta vi que iba a 4:39 y pensé que ahí no pintaba nada, así que aflojé el ritmo que yo había venido a poco más que a estirar las piernas. Ya mucho más tranquilo totalicé 9,5 km en 52:00 @ 5:28 min/km.

Utilizo el entrenamiento de los jueves para hacer kilómetros a umbral que pienso es lo que mejor me viene para una media maratón. A las siete y un minuto o dos estaba en el punto de encuentro donde ya estaban Joaquín, Miguel y Mariano. Salimos los cuatro y yo tenía pensado hacer doce kilómetros de los cuales siete a 4:50, pero me fue del todo imposible porque aunque hice los dos primeros bien, luego fui incapaz de mantener el ritmo. Estoy peor de lo que me gustaría, pienso que los cuatro meses de inactividad me han dejado fuera de forma absolutamente. Eso sí, totalicé 12 km en un tiempo de 1:02:40 @ 5:13 min/km y acabé algo disgustado por no haber podido mantener el ritmo umbral previsto.

Normalmente utilizo el sábado para hacer una tirada larga, pero esta semana pasé ese entrenamiento al domingo ya que el viernes estuve de cena y me acosté tarde. En el punto de encuentro nos encontramos una amiga, Mariano y un servidor. Bajamos los tres al río y Mariano estuvo bastante rato con nosotros, pero sobre el kilómetro cinco o así se fue a buen ritmo. Me quedé con mi amiga y fuimos corriendo por la margen derecha hasta el puente donde antes tenías que cruzar sí o sí y lo cruzamos, siguiendo el circuito por la margen izquierda. Hicimos la subida asfaltada y al poco pitó el kilómetro ocho, por lo que decidimos volvernos por el mismo camino por donde habíamos ido. Casi llegando a las tablas, después de pasar por la Caja Mágica vimos a Mariano que se había dado la vuelta y nos estaba esperando. Subimos los tres hasta el parque y antes de llegar al punto de encuentro nos despedimos de él, que hizo un montón de kilómetros porque si nosotros acabamos con 16, él hizo por lo menos 20 y eso es raro en Mariano, que suele ser de distancias más cortas. Nosotros completamos los 16 km en un tiempo de 1:26:21 @ 5:24 min/km y lo malo es que me dolieron bastante los pies.

No me gustó nada los 71,4 kg que indicó la báscula porque el objetivo es bajar de setenta kilos y me está costando lo suyo. Bien es verdad que la cena del viernes tiene bastante culpa de este guarismo.

Ni para una maratón

Iba a escribir que estoy entrenando tanto que ni para una maratón lo hago, pero tampoco hay que exagerar, aunque esta semana puedo acabar con 47 kilómetros si mañana hago la carrera de Torrijos, que aún no lo tengo claro. Y además serían cuatro días, que tampoco es lo normal.

El martes 17 de septiembre comenzamos con nuestro horario de invierno, quedando en el punto de encuentro a las siete de la tarde. Llegué un poco tarde para variar y allí me encontré con unos cuantos compañeros. Los martes suelo tomármelo como un día tranquilo, sobre todo hoy que había comido bastante tarde y notaba la barriga llena. Salimos despacio, pero a partir del cuarto kilómetro empezaron a apretar e inconscientemente aumenté el ritmo, pero no quise ir muy deprisa ya que es el jueves el día que utilizo para hacer un poco más de «calidad» y obsérvese que lo pongo entre comillas porque tampoco es que me mate. Hice 10 km en un tiempo de 53:53 @ 5:24 min/km.

El jueves 19 salí dispuesto a hacer seis kilómetros a ritmo umbral, uno más que la semana pasada. No nos andamos con tonterías y salimos a buen ritmo, ya que hicimos el primer kilómetro en 5:20 cuando solemos andar cerca de los seis. El siguiente lo hicimos en 5:11, ¡íbamos volados! Aguanté hasta el cuarto kilómetro y ahí empecé el entrenamiento a ritmo umbral que me había fijado en 4:45, un objetivo quizás demasiado ambicioso. Estos fueron mis tiempos: 4:44, 4:44, 4:53, 4:46, 4:55 y 4:50. Me hundí en los dos últimos sin ninguna opción de acercarme al ritmo previsto. Lo dicho, me planteé un ritmo demasiado ambicioso. Hice dos más para completar 12 km en un tiempo de 1:01:32 @ 5:07 min/km.

Como estas semanas anteriores, habíamos quedado el sábado a la hora habitual de las nueve en el punto de encuentro. A las 8:15 sonó el despertador y a las 9:00 estaba en el punto de encuentro al que ya habían llegado Quique y Miguel. A Quique hacía mogollón de tiempo que no veía por lo que me alegré mucho. Enseguida llegó Jesús y bajamos los cuatro al Parque Lineal en donde estuvimos juntos hasta pasado el quinto kilómetro donde Quique decidió abrir fuelle y se fue Miguel con él. Yo seguí con Jesús e hicimos lo que la semana anterior, cruzando el puente del kilómetro 7 y volviendo por la nueva zona repoblada de árboles. Poco después nos cogieron los dos que se habían marchado antes porque ellos se dieron la vuelta más allá, en el puente de colores. Al llegar a las tablas yo me fui solo y rodeé esa zona para tratar de hacer un kilómetro más, pero no fue suficiente y cuando subí a Pradolongo tuve que alargar el recorrido para completar 15 km, que hice en 1:20:54 @ 5:23 min/km. Lógicamente ya estaban allí los otros tres compañeros, pero Quique se despidió enseguida y no se quiso venir a desayunar porque esta vez después del entrenamiento habíamos planeado un «final feliz».

Antes de salir el sábado me subí a la báscula y me llevé una desagradable sorpresa porque marcaba 71,2 kg lo que indica que he vuelto a subir de peso y que no bajo de 71 ni de broma. Como dice Miguel, hay que pasar un poco de hambre para adelgazar.

Llevo ya unos cuantos meses apuntado a la carrera de Torrijos que se celebra mañana, ya veremos si corro o no porque he acabado reventado y no se si voy a tener piernas para mañana.

A trancas y barrancas

No, el título de esta entrada no hace referencia a los muñecos que salen en el programa El Hormiguero. Hablo de esa expresión que indica que se continúa el camino aunque esté lleno de dificultades, pero con tesón, con tozudez, porque así voy, avanzando hacia mi objetivo, pero esto no es un camino de rosas, ya que me sigue doliendo el talón.

El martes 10 de septiembre quedamos unos cuantos pradolongueros en el punto de encuentro y ya salimos a buen ritmo, el que nos fue imponiendo el incombustible Emilio, que nos fue lanzando pasado el segundo kilómetro. Eso provocó que hiciera el tercer kilómetro en 4:28 y que me preguntara que a dónde iba a esas velocidades. Bajé el ritmo con la intención de moverme un poco por debajo de cinco y así fui los siguientes kilómetros aunque alguno se me fue. Hice 10 km en un tiempo de 50:15 @ 5:01. Fue un entrenamiento bastante rápido cuando se trataba de ir tranquilo.

El jueves 12 de septiembre tocaba hacer kilómetros a umbral que considero es el mejor entrenamiento para una media maratón. Si la semana pasada fueron 4 kilómetros a 4:50 y como ese ritmo lo seguí más o menos bien, esta semana me fijé el objetivo de hacer 5 kilómetros a 4:45. Salieron los kilómetros a 4:50, 4:44, 4:52, 4:42 y 4:45. Alguno se me fue, pero no estuvo mal del todo. Después hice dos más de enfriamiento y completé 11 km en un tiempo de 57:29 @ 5:13 min/km.

El sábado toca tirada larga y para ello a las 9:00 habíamos quedado en el punto de encuentro. Cuando llegué ya estaban allí Jesús y Miguel. Bajamos al Parque Lineal y fuimos los tres en buena armonía, a un ritmo bastante llevadero, haciendo muchos kilómetros sobre 5:18. Cuando llegamos a la mitad del recorrido cruzamos el río y nos volvimos por una zona que ha acondicionado el ayuntamiento no hace mucho y que entre otras cosas ha plantado por lo menos tropecientos millones de árboles. Aún son muy jóvenes, pero dentro de unos años andar por allí será una maravilla. Completé los 14 km en un tiempo de 1:15:52 @ 5:25 min/km. Un buen entrenamiento para ir asimilando kilómetros.

El talón me sigue doliendo, pero no excesivamente e incluso hay momentos del día en que ni me acuerdo que tengo algo ahí.

El hueso de cereza de una duda

En la canción El capitán de su calle de Joaquín Sabina el estribillo reza así:

Porque sabía
que la verdad desnuda
guarda oculta detrás de la corteza
el hueso de cereza
de una duda.

Dando a entender, o al menos es lo que yo entendí, que no hay una verdad absoluta, que aunque estés muy seguro de algo, siempre es posible que estés confundido. Sería interesante que tomaran nota los autoritarios.

Algo así me pasa con esta puñetera lesión que llevo arrastrando. Estoy convencido (o trato de convencerme) de que estoy bien, pero no estoy convencido del todo, tengo alguna duda -razonable- de que lo esté. Anda por ahí el hueso de cereza que me hace sospechar que no estoy todo lo bien que a mí me gustaría. Y lo digo porque si el martes y el jueves corrí y acabé perfectamente bien, el sábado cuando salí ya no iba cómodo y cuando acabé la lesión me dolía como me dolía hace unos meses, como si no hubiese mejorado nada. No sé si esas molestias se deben a que hice más kilómetros de los que estaba haciendo habitualmente o a que he ido más deprisa de lo que debiera. ¡Ay! El puñetero hueso de cereza como me está fastidiando.

El martes salí tan contento con la idea de reencontrarme con los compañeros que habían vuelto de vacaciones, pero de éstos, sólo se presentó Joaquín, al que saludé con gran alegría. También apareció Ninfa que al igual que yo anda con una lesión de larga duración, en su caso el piramidal. Nos pusimos en marcha a un ritmo muy tranquilo y pasado el tercer kilómetro me aceleré un poquito, tampoco mucho, simplemente con la idea de bajar de cinco minutos el kilómetro. Hice uno a 4:50 y otro a 4:55 y pensé que podría acelerar hasta la fuente para ver a cuento podría llegar. Hice ese kilómetro en 4:36, lo cual fue demasiado porque vi que iba demasiado forzado, no hubiese aguantado mucho más a ese ritmo. En la fuente me cazó Joaquín y ya fui con él más tranquilo hasta que él se quedó por ahí abajo y yo seguí para completar las dos vueltas, lo que me hizo 9,5 km en 50:37 @ 5:17 min/km. Muy contento porque aunque forcé un poco, la lesión ni la noté.

El jueves me reencontré con Miguel, al cual tenía ganas de ver después de algunas semanas sin verlo. Ya me habían dicho que estaba muy bien, que se había cuidado durante las vacaciones y efectivamente pude ver que estaba en buena forma porque se puso a tirar y no hubo nadie de seguir su estela. Yo tenía planeado hacer cuatro kilómetros a umbral por lo que tampoco hubiese tratado de ir con él y si lo hubiese intentado me habría quedado lejos, lejos de él y destrozado. Se notó un poco el descenso de la temperatura, pero aún así acabé bastante acalorado. Como no sabía que ritmo llevar me fijé el objetivo de ir a 4:50 y con esto en mente realicé: 4:51, 4:46, 4:51 y 4:45. El ritmo umbral supone ir fuerte pero no a tope y quizás fui algo más flojo de lo que podría haber ido. La semana que viene trataré de ir a 4:45 a ver si encuentro ese ritmo umbral que estoy buscando y que sin haber hecho una prueba competitiva es difícil saber. Completé 9,5 km en un tiempo de 48:58 @ 5:07 min/km y al igual que el martes muy contento porque prácticamente no noté la lesión.

El sábado habíamos quedado los pradolongueros a las 9:00 y nos juntamos únicamente tres corredores. Decidimos bajar al río y Jesús dijo que nos acompañaría a mi tocayo y a mí si no íbamos muy fuerte. Le dijimos que no, que ya nos habíamos machacado el jueves. Mi idea era hacer 12 km a un ritmo tranquilo tomándome la jornada como LSD (Long and Slow Distance, Distancia Larga y Lenta en cristiano). Bajamos al río y nos fuimos por el Parque Lineal hasta que hicimos seis kilómetros y luego volvimos por el mismo camino que a la ida. Como siempre, al volver notamos el aire en contra y además se notaba más todavía porque hacía bastante fresco, se notaba el descenso de las temperaturas que habían pronosticado. Fuimos bastantes kilómetros sobre 5:10 y a la vuelta aceleramos en un par de ellos haciendo 4:56 en uno y 4:39 en otro. Después de este último kilómetro a todo lo que pude ya nos relajamos para subir desde el río hasta el Parque de Pradolongo que es casi todo cuesta arriba. Hice 12 km en un tiempo de 1:03:48 @ 5:19 min/km y bastante jodido porque la lesión me había molestado durante casi todo el recorrido. Definitivamente no estoy bien. Mejor que mis peores días, pero ni mucho menos bien. Jesús sí que acabó bastante contento porque hizo los 12 km con muy buenas sensaciones. Decía que hacía mucho tiempo que no hacía tantos kilómetros y lo mismo me pasa a mí, no pasaba de 10 km desde que hice la maratón de Madrid.

La báscula marcaba 70,8 kg lo que indica que me está costando bajar de 70 kg como era mi primer objetivo. La verdad es que no estoy comiendo mucho, pero tendré que se aún más radical.

Semana cargadita

Se acerca la media de Villarrobledo y hay que meter kilómetros, que luego 21 km se hacen muy largos si vas escaso de preparación, así que esta semana ha sido de bastante carga… Al menos para mí, ya que me he metido entre pecho y espalda casi 53 km. Es evidente que a alguien le puede parecer una birria, pero para mí no lo es.

El martes 26 de febrero tuvimos un día relajado y sólo dimos dos vueltas a Pradolongo, aunque Joaquín ya hablaba de hacer tres, pero yo me notaba aún cansado del fin de semana y sólo hice dos vueltas y muy tranquilo. Fueron 9,7 km en un tiempo de 56:27 @ 5:48 min/km.

El jueves 27 sí hicimos las tres vueltas y si el martes fuimos despacio, esta vez fuimos más despacio aún. El objetivo de las tres vueltas era meter kilómetros de cara a la media y tratar de quemar las porras del desayuno, que me metí unas cuantas.

Ya quedaban menos después de ingerir entre todos los compañeros unas cuantas porras y churros

De todos modos no fue mala táctica esto de ir despacio porque así se acostumbra el cuerpo a estar más tiempo en movimiento. Fueron 15 km en un tiempo de 1:27:55 @ 5:51 min/km. Eso sí, se nos pasaron las tres vueltas casi sin darnos cuenta porque fuimos de cháchara todo el rato.

El sábado quedamos Quique, Miguel y un servidor y bajamos al Parque Lineal para una tirada no muy larga, que aún se notaba en las piernas la tirada del jueves. Traté de hacer cinco kilómetros en el tramo intermedio sobre 4:30 y la cosa salió más o menos. Hice en total 12 km en un tiempo de 1:00:16 @ 5:01 min/km. No estuvo mal la cosa.

Por aquello de acumular kilómetros, el domingo también salimos y de nuevo fuimos al Parque Lineal, un magnífico sitio para correr. Hacía buena temperatura, así que aproveché para salir en manga corta. Salimos muy tranquilos, acompañados por parte del pelotón de jubilados, uno de los cuales nos estuvo contando alguna historieta que otra. Había planificado una tirada larga, pero metiendo unos kilómetros a umbral en medio de la tirada, haciendo dos kilómetros a umbral, uno al trote y otros dos a umbral. Y eso fue lo que hice, cuando llegué al kilómetro seis aceleré para hacer los dos primeros kilómetros a umbral, cerca de 4:15 y me salieron a 4:16 y 4:18. Traté de recuperar un poco en el siguiente y luego volví a tratar de hacer otros dos a umbral y éstos me salieron peor todavía, ya que los hice en 4:20 y 4:31, fatal, fatal. Yo creo que noté el cansancio del día anterior, que no fue precisamente de paseo. En total fueron 16 km en 1:24:57 @ 5:18 min/km. Y de este modo acabé la semana con una buena kilometrada.

¡Se me olvidaba! Antes de salir el domingo me subí a la báscula y marcaba 69,7 kg. No consigo bajar de 69 ni de broma y eso me jode.

Nuevo objetivo

En años pretéritos el objetivo principal del año era la maratón de Madrid. Desde que me diagnosticaron la condromalacia cambié ese objetivo por uno menos ambicioso y he entrenado estos últimos años lo mejor que he podido la Media Maratón de Villarrobledo.

Este año me había fijado de nuevo como objetivo la media de Villarrobledo, pero los quince días pasados en la antípodas me han hecho cambiar de objetivo porque allí no entrené mucho y me veo corto de preparación para llegar a esa localidad albaceteña como me gustaría. Es por eso que me he fijado un nuevo objetivo tres semanas después, que no es otro que la Media Maratón de Madrid. Hace muchos años que no corro esta carrera en condiciones y ya veremos cómo llego este año. Espero que bien.

La pega principal que tiene esta carrera es su precio, desde mi punto de vista excesivo. He pagado 25,60 € y me parece un pastón. Sí, ya sé que me dirán que es para ayudar al Club Marathon y tal y cual…

Cuando corrí por primera vez esta carrera, que no era una media sino 20 km, allá por 1996, el precio de la inscripción fue de 800 pesetas, o lo que es lo mismo, 4,80 €. Así que calculen Uds. lo que ha aumentado. En fin, vamos a lo que vamos.

Habíamos quedado a las 10:00 en el punto de encuentro y allí aparecimos Quique, Miguel y yo. Estuvimos saludando a los jubilados, pero no nos apuntamos a su grupeta. Bajamos al río e hicimos cuatro kilómetros de calentamiento y al pasar ese punto aceleré para tratar de hacer cuatro kilómetros a un ritmo cercano al umbral, tratando de bajar de 4:20. El último me costó, debo reconocer, ya que no pude bajar de ese ritmo objetivo y se me fue a 4:24; sin embargo, los otros salieron bien: 4:17, 4:17 y 4:20. Y aunque iba deprisa, Quique se fue por delante y Miguel se quedó por detrás esta vez. Hice en total 11,3 km en un tiempo de 57:00 @ 5:02 min/km.

A rey muerto, rey puesto

Contaba el otro día que el 405 había quedado fuera de combate. Pues con el «cadáver» aún caliente compré un primo hermano suyo el Forerunner 35 y me llegó el otro día, aunque ha sido hoy cuando lo he estrenado. Es un chisme más básico que el 405 aunque el 35 tiene para medir las pulsaciones en la muñeca. ¿Pero para que quiero un cacharro súper sofisticado si luego no lo uso? Son ganas de tirar el dinero.


Forerunner 35 luciendo hermoso en mi muñeca

Como muchos sábados quedamos para bajar al río. Nos juntamos Joaquín, Miguel, Quique, Mariano, Juli y un servidor. Me puse en cabeza desde el principio y cuando llegué al tercer kilómetro traté de ponerme a mi ritmo umbral que anda por 4:20 o un poco por debajo. Tardaron un poco en llegar Joaquín, Mariano y Quique y luego estos dos últimos apretaron y me quedé con Joaquín. Miguel y Juli iban por detrás.

En el primer puente se dio la vuelta Joaquín y yo seguí hasta el segundo. Mariano y Quique siguieron a su bola. Yo trataba de mantenerme sobre 4:20 y más o menos llevaba ese ritmo. Lo curioso es que pensaba hacer sólo cinco kilómetros a ritmo umbral y al final hice seis porque se me fue la pelota contando los kilómetros. Salieron a 4:17, 4:19, 4:20, 4:22, 4:23 y 4:29. Claramente de más a menos.

A la vuelta, en la zona de las tablas paramos a esperar a Mariano y a Quique, pero no aparecían así que propuse ir trotando despacio para que nos alcanzaran, pero llegamos al punto de encuentro y no nos habían cogido. Allí estuvimos estirando un poco y nada que no aparecían los ínclitos.

Totalicé 12,2 km en un tiempo de 1:01:06 @ 4:59 min/km. Un buen entrenamiento bien acompañado de buena gente. Imposible quejarse.

Me dijo el FR35 que las pulsaciones medias durante el entreno fueron de 161 y que di una máxima de 184 ppm, que me parecen muchas ya que se alejan mucho de la típica fórmula de 220 – edad que darían 168. También hay otra fórmula, la de Tanaka, que dice que la FCM es 208,75 – (0,73 * edad) que da 171. Muy lejos también. No creo que sea muy exacta la manera de medir del reloj, pero no estaría mal hacerse una prueba de esfuerzo por si acaso. De todos modos, estas fórmulas son para personas sedentarias, si estás medio en forma no tienen mucho sentido… Eso es lo que leí alguna vez por ahí.

Veinte minutos es lo recomendado por JD

Siempre corro por distancia, nunca por tiempo, pero hoy he cambiado tratando de seguir los consejos de Jack Daniels que aconseja hacer los kilómetros a ritmo umbral durante veinte minutos. Bueno, tiene algo de truco porque calculé que los 4,6 km (lo que queda del punto kilométrico cinco hasta el final de la vuelta) a un ritmo de 4:25 son unos pocos segundos más de los veinte minutos buscados. Ideal para combinar el correr por distancia con correr por tiempo.

Al llegar al punto de encuentro estaban los dos Emilios y Joaquín hablando con Antonio. Estuvimos esperando un rato por si venía algún otro compañero y como no venía, nos pusimos en marcha. Hicimos los primeros 5 km muy tranquilos, a ritmo de seis minutos y al llegar a ese punto aceleré para tratar de ir a 4:25, mi ritmo umbral, pasé de hacer el quinto kilómetro a 6 km/km a un sexto kilómetro a 4:25 y el resto me salieron a 4:28, 4:33, 4:30 y 4:24. Por aquello de los veinte minutos esta vez fui hasta el final del circuito en vez de parar en el cuarto kilómetro. Se me fue el tiempo ya que salió a una media de 4:28, pero el circuito estaba embarrado y muy blando.

Hice en total 9,6 km en un tiempo de 50:41 @ 5:17 min/km. Se me fue algo el tiempo, pero un buen entrenamiento.

Hemos tenido suerte

El día de salida era ayer jueves por la tarde, pero como hoy es fiesta en Madrid decidimos -algunos- dejar el entrenamiento para hoy en vez de salir ayer y hemos tenido una suerte tremenda porque ayer estaba lloviendo de lo lindo a la hora que solemos entrenar. Así que nos hemos ahorrado agua y ganado sol. ¡Mucho mejor!

Salimos cuatro pradolongueros porque en el último momento la única fémina que iba a venir no pudo y decidimos bajar al río. Uno de ellos dijo que no quería hacer mucho, pero que nos acompañó hasta el comienzo del parque.

Fuimos tres kilómetros bastante tranquilos en nuestra aproximación al parque. Bajamos por el camino de madera, recién puesto y resultaba placentero pisarlo, una gozada. Ya a orillas del río se cumplió el tercer kilómetro y apreté con intención de hacer 5 km a un ritmo de 4:25 que es ahora más o menos mi ritmo umbral. De este modo pasamos de hacer el tercer kilómetro a 5:33 a hacer el cuarto a 4:22. Un buen cambio. Y seguimos a un ritmo muy semejante durante los otros cuatro: 4:25, 4:21, 4:20 y 4:24 consiguiendo, por lo tanto, una media de 4:23 min/km que está dentro del margen previsto. Mi tocayo siguió un poco más e hizo un último kilómetro desatado a 4:07 o así me dijo. Dice que entrena poco, pero aún así zumba de lo lindo.

Subimos del río hacia Pradolongo ya a un ritmo más tranquilo y conseguimos completar 12 km en un tiempo de 1:01:17 @ 5:06 min/km. Un buen entrenamiento a buen ritmo.

No todo va a ser correr

Tuve algún que otro contacto con un bloguero que tenía un blog denominado No todo va a ser correr. El hombre dejó de actualizar el blog y no sé si es porque dejó de correr o simplemente se cansó de escribir. El título del blog proviene de una canción del gran Javier Krahe que se titula No todo va a ser follar.

El título de la entrada viene a cuento porque tengo la suerte de poder contar con la amistad de un grupo de compañeros que corren por el parque y que nos hacemos llamar pradolongueros. Y no sólo nos dedicamos a correr, también tenemos tiempo para hacer otras cosas distintas. Por ejemplo, el día 6 de octubre quedamos para la Primera Jamonada Pradolonguera. Sí, ya sé que es un poco tarde para hablar de un asunto que transcurrió hace casi un mes, pero no lo quiero olvidar.

Una de las compañeras pradolongueras que había sido obsequiada con un jamón por subir al cajón en una de las carreras decidió invitar al resto de pradolongueros a tan delicioso manjar. Y no sólo hubo jamón en la quedada, Jesús y Miguel hicieron sendas tortillas y otros trajeron la bebida y algunas otras cosas de picar. Pasamos una buena mañana rodeados de compañeros y disfrutando de nuestro querido parque Pradolongo. La pena es que algunos no pudieron asistir 🙁 pero es prácticamente imposible que nos juntemos todos.


Pradolongueros en plena quedada jamonera

Después de contar esto, decir que aunque el otro día entrenamos por la tarde hoy pudimos hacerlos con luz solar ya que al ser festivo quedamos por la mañana. Salimos cuatro hacia el Parque Lineal y el cuarteto se dividió en dos cuando sobrepasamos el kilómetro cuatro. Mi tocayo y yo aceleramos el ritmo y la otra pareja siguió a un ritmo más tranquilo. Hicimos cinco kilómetros a ritmo umbral que yo recordaba a 4:22 y que luego descubrí era 4:25. Hicimos 4:24, 4:26, 4:24, 4:18 y 4:15, obteniendo una media de 4:21, más rápido de lo que debiera.

Totalizamos 12,8 km en un tiempo de 1:05:42 @ 5:08 min/km. Un buen entrenamiento sin duda.